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"Cualquier cosa o circunstancia que quiebre el equilibrio produce dolor en menor o mayor medida. A veces es tan poco que es imperceptible, a veces es tanto que llega a ser anestésico e incluso es posible percibir la muerte de una forma sustancial. La muerte se siente como respuesta o liberación del desequilibrio. Como anulación del proceso de ruptura, y en consecuencia del dolor.
El asunto es que nadie es dueño de su vida como puede serlo de un objeto. La vida es un camino o proceso evolutivo, etc., cada quien la enfoca de acuerdo a su creencia o estudio. En ningún caso, ni dentro del ateísmo, la vida es como un florero que uno adquiere, regala, o simplemente desecha por que se le saltó la pintura.
El dolor es inminente, es imposible eliminarlo por completo. Algo siempre va a doler, desde la cabeza, o un simple tropiezo, hasta una lastimadura o herida, pasando por las emociones de pérdidas de seres queridos, duelos, de rupturas, de finales y comienzos. La vida implica cambiar, y los cambios son básicamente quiebres del equilibrio.
Frases como “a partir de hoy nada va a dolerme”, o “nadie puede lastimarme”, o “nadie va a hacerme sufrir de nuevo”, o “no sentiré más dolor”, o “a partir de hoy haré como si no me duele”, son evasivas de la conciencia producto del rechazo natural que todos los seres vivos tenemos frente al dolor. Son evasivas, son falsas, y para lo único que sirven es para construirnos un sendero hacia el fracaso. Por que el dolor es inminente, y no es posible eliminarlo.
Hay que conocerlo, aprender a convivir con éste, y saber de que manera te puede ser útil en tu vida."
Euge Torres
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