Respecto a la construcción de una lengua literaria Grüner afirma que una literatura nacional puede rastrearse en las formas particulares que una lengua toma al enfrentarse con otra.[1] Para los románticos literatura nacional es todo aquello que rompe con los postulados de la generación anterior, con el neoclasicismo. Para lograr este objetivo, Echeverría plantea una necesidad de renovación de las formas, de no imitación de cánones. En la Advertencia a las Rimas prefija que su voluntad principal fue pintar: “El principal designio del autor de la Cautiva, ha sido pintar algunos rasgos de la fisonomía poética del desierto (...) “ha escogido, para formar su cuadro...”[2] Como vemos, adquiere preponderancia el aspecto visual. Se propone, pues, fundar el repertorio de imágenes visuales canónicas que identificaría más tarde a nuestra literatura nacional. Principia, además, con la introducción de locuciones vulgares y de localismos.[3] Esta elección contrasta con las voces altisonantes del clasicismo. En este texto Echeverría realiza también un diagnóstico que podemos resumir en la siguiente fórmula: no tenemos nada, el vacío es lo que tenemos. Por lo tanto, debemos encontrar la productividad poética en el desierto (desierto equivale a la ausencia, a la falta). El matadero es una suerte de inserción de ese desierto en la ciudad. “En el relato de Echeverría, el matadero es un espacio de penetración de lo rural en lo urbano, una orilla (como dirá luego Borges) que, en vez de separar, comunica a la ciudad con la llanura: por lo tanto, un espacio abierto a la invasión rural del santuario urbano.”[4]En este sentido, en El Matadero podemos verificar un intento de búsqueda de esa poética, ya no en el desierto sino en la plebe ruralizada, en esa “pequeña clase proletaria” que pertenece al mundo del matadero. Y, si bien Echeverría recupera a Herder en lo que atañe al descubrimiento del pueblo[5], en El Matadero las masas son definidas negativamente por lo que les falta. El narrador aplica la palabra bárbaro para designar al pueblo en tanto que éste representa la barbarie ya que apoya al despotismo de un gobierno. El Matadero es la representación de la nación, es una pequeña república. No es la patria. Son los que han asesinado a la patria. “El matadero es un relato sobre la violencia de los cuerpos que apuesta a producir con la violencia de las palabras el efecto de violentar al lector, del mismo modo que las acciones violentan al héroe unitario.”[6]Podemos afirmar que el texto ejemplifica con crudas imágenes esta violencia y se caracteriza, además, por estar recorrido por una estética grotesca. Y, si bien en Víctor Hugo el arte moderno resulta de la combinación totalmente natural de dos tipos, el sublime y el grotesco[7], en el matadero lo grotesco y lo sublime generan un contraste irresoluble. Aparecen separados. Aquí lo grotesco se encuentra asociado a lo bajo, a lo ruin, a lo inmundo. En este sentido Echeverría se distancia de la teoría romántica. Tenemos entonces a lo grotesco, lo inmundo, lo feo, lo bárbaro, lo caótico de la masa opuesto a lo sublime, a lo ideal encarnado en las valientes actitudes del joven. La masa encarna el discurso oficial rosista y el joven adopta el discurso del romanticismo, el del dogma socialista, el de la sociedad civilizada. Teniendo en cuenta esto, podemos afirmar que la confrontación de las lenguas en el texto funciona con la lógica de un sistema de oposición violenta. La masa se manifiesta contra el individuo, lo ataca: el discurso de la masa está en contra del discurso de la civilización. Y el discurso del narrador entra en pugna con este discurso de la plebe.El narrador genera, entonces, una guerra de discursos cuya arena es la escritura. Hay un discurso oficial sobre las conciencias y sobre el individuo. Es el discurso de la esfera pública proveniente del poder político. Con este discurso se enfrenta el narrador utilizando como arma la ironía. Se apropia del discurso oficial y desmonta sus razones. No es el discurso federal en contra del discurso unitario. Es el discurso oficial enfrentado al discurso patriota.Además de las oposiciones: Despotismo/Libertad, Salvajismo/Ilustración y Brutalidad/Razón. Reconocemos en el texto un enfrentamiento entre dos diccionarios en el simulacro del juicio entre el juez y el joven. Se ponen en manifiesto los dos sentidos de un mismo vocablo. Uno entiende la palabra en un sentido corporal y el otro en un sentido espiritual, metafísico.[8]Al mismo tiempo, observando algunos fragmentos del relato encontramos que la descripción que Echeverría realiza de la masa resulta poco forzada: “A sus espaldas se rebullían caracoleando y siguiendo los movimientos, una comparsa de muchachos, de negras y mulatas achuradoras, cuya fealdad trasuntaba las harpías de la fábula.”[9] Como puede observarse, en este fragmento se aligera el fraseo y adquiere una sonoridad amena que parece asentarse en datos inmediatos, en la acumulación de detalles, etc. Por otro lado, el siguiente fragmento, el que describe al joven, contrasta con el anterior: “Su pálido y amoratado rostro, su voz, su labio trémulo, mostraba el movimiento convulsivo de su corazón, la agitación de sus nervios. Sus ojos de fuego parecían salirse de la órbita, su negro y lacio cabella se levantaba erizado. Su cuello desnudo y la pechera de su camisa dejaban entrever el latido violento de sus arterias y la respiración anhelante de sus pulmones.”[10] Aquí, a diferencia del discurso ameno que puntualiza a la plebe predomina un discurso marcado por la doble adjetivación antepuesta al sustantivo: el joven y su actitud se nos presentan como la representación de un ideal irrealizable. En términos de Noé Jitrik: “El mundo del unitario, gracias a la “riqueza” adjetival y metafórica, es exaltado hasta la idealización mientras que lo federal, a través del lenguaje sin fioritura, es exasperadamente condenado.”[11]Este procedimiento genera una suerte de paradoja: en la desmesurada y artificiosa retórica con que describe al joven Echeverría des-realiza el mundo que valora ya que mientras exalta en su expresión al mundo federal no logra darle fuerza conceptual a quien encarna sus ideales. El discurso que utiliza para describir al joven se convierte, entonces, en impugnación ideal. Pura antinomia.[12]En este sentido, la confrontación de las lenguas en el texto puede leerse como el conflicto entre “un mundo fáctico, de acción, que ejerce una fascinación rechazada y un mundo cultural que se trata de levantar ineficazmente.”[13] Marcos Carlos Carbajo
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[1] “Toda literatura “nacional”, si es que hay tal cosa, se hace contra otras literaturas “nacionales”, y en última instancia contra sí misma.” Cfr. GRÜNER, Eduardo: “La argentina como pentimento” en Un género culpable. La práctica del ensayo: entredichos, preferencias e intromisiones. Ediciones Homo Sapiens. Rosario, 1996. Página 33. [2] ECHEVERRÍA, E.: “Advertencia a la Cautiva” en Páginas Literarias. W. M. Jackson INC Editores. Buenos Aires. Página 208. [3] “De intento usa a menudo de locuciones vulgares y nombra a las cosas por su nombre” Cfr. ECHEVERRÍA, E.: “Advertencia a la Cautiva” en Páginas Literarias. Op cit, página 209. [4] SARLO, B.; ALTAMIRANO, C.: “Esteban Echeverría el poeta pensador” en Ensayos Argentinos, De Sarmiento a Cortázar. Editorial Aries. Bs. As., 1947. Página 43. [5] Cfr. HERDER, Johan Gottfried: Poesía y lenguaje. Fascículo treinta y ocho de la antología alemana editada por la universidad de Buenos Aires. Facultad de Filosofía y Letras. Instituto de Literatura Anglogermana. Buenos Aires, 1950. Página 34-35. [6] IGLESIAS, Cristina: “Muertes o crímenes: Un dilema estético (A propósito de las Víctimas de la cultura en El Matadero de Echeverría y EN El niño proletario de Lamborghini)” en Narrativa Argentina. Noveno Encuentro de escritores Dr. Roberto Noble. Cuaderno N° XI, Fundación Roberto Noble. Bs. As., 1996. Página 25. [7] Dice Víctor Hugo: “De la fecunda unión del tipo grotesco con el sublime nace el genio moderno.” Cfr. En HUGO, Víctor: Cromwell. Colección Austral. Madrid, 1967. Página 19. [8] Cfr. ECHEVERRÍA, Esteban: El Matadero. La cautiva. Ediciones Clásicas. Bs. As., 1999. Páginas 118-120. [9] Ibidem, página 107. [10] Ibidem, página 118. [11] JITRIK, Noé: “Forma y significación en El Matadero de Esteban Echeverría” en El fuego de la especie. Editorial Siglo XXI, Bs. As, 1971. Página 91. [12] Esta idea ya estaba presente en David Viñas, en Literatura Argentina y realidad política afirma: “La mirada romántica ya no es integradora, sino antinómica: todo lo de Europa, lo referido explícita o implícitamente al allá (...) y –lo que interesa poner de relieve- frustrado, estéticamente falso. Y lo referido aquí, cargado a veces con un realismo elemental, resuelve aunque parcialmente una verdad estética.” Cfr. VIÑAS, D.: “Mármol: Los dos ojos del romanticismo” en Literatura argentina y realidad política. Centro Editor de América Latina. Bs. As., 1982. [13] JITRIK, Noé: “Forma y significación en El Matadero de Esteban Echeverría” en El fuego de la especie. Op cit. Página 94. |