Introducción.Si la revolución industrial inglesa configuró la economía del siglo XIX, la Revolución Francesa proporcionó su política e ideología. Las ideas del mundo moderno irrumpieron por primera vez en las antiguas civilizaciones a causa de la influencia francesa. Tal fue la obra de esta revolución. Se sabe que a fines del siglo XVIII los viejos regímenes europeos se tambaleaban entre crisis económicas, agitaciones políticas e incluso revueltas. No obstante, la Revolución Francesa avanzó más allá que cualquiera de sus coetáneas y sus consecuencias fueron mucho más profundas. La palabra «libertad» que hasta el momento no era más que un termino legal para indicar lo opuesto a «esclavitud» comenzó a tener una nueva connotación política. La influencia indirecta de la esta revolución es, pues, universal ya que proporcionó el marco para todas las corrientes revolucionarias posteriores. Por estas razones, la Revolución Francesa es caratulada como la revolución de su momento y la más sobresaliente de su género. Por ello, sus causas no deben ser buscadas sencillamente en las condiciones generales de Europa, sino en la singular situación francesa..[1] Respecto a esto último, es posible observar, que muchos historiadores han hecho hincapié en las causas económicas de la Revolución Francesa, olvidando o incluso desdeñando las otras. De ello surge la cuestión que motiva este ensayo: ¿Fueron las causas sociales e ideológicas importantes para el estallido de la Revolución Francesa? Nosotros consideraremos que las causas sociales e ideológicas fueron importantes en la Revolución Francesa. En el siguiente ensayo nos propondremos demostrar la veracidad de esta hipótesis. Para lograrlo, comenzaremos discurriendo sobre la sociedad francesa de finales del siglo XVIII. Seguido a ello, explicaremos las ideas que pudieron haber posibilitado la gestación de la revolución y finalizaremos exponiendo nuestra conclusión. Causas sociales de la Revolución Francesa: el hecho social
Pasada la segunda mitad del siglo XVIII, se suscitó en Europa, una de las revoluciones político-jurídica más importantes de la historia: la Revolución Francesa. La fecha emblemática fue el 14 de Julio de 1789. Pero es necesario aclarar que desde mucho tiempo antes de que esto suceda, el hecho social muestra a una Francia dividida en estamentos totalmente cerrados: el clero, la nobleza; que eran los privilegiados; y el estado llano, dentro del cual se ubicaba la burguesía, segmento de la sociedad que impulsó y realizó la revolución. “De hecho, las órdenes no constituyen clases sociales; cada uno de ellos está dividido en grupos más o menos antagónicos. Sobre todo, la antigua estructura social basada en el sistema feudal, en el desprecio de las actividades manuales y ocupaciones productoras, ya no está en armonía con la realidad económica y social”.[2] El Primer Estado: El Clero. Era el más favorecido. No obstante, dentro de este estamento existían grandes diferencias. Por lo que el clero se dividía en dos categorías: alto clero formado por cardenales, arzobispos, obispos y abades; y el clero inferior: constituido por los curas de parroquia.[3] En general, el clero era más una profesión que una clase. Los curas y la mayoría de los religiosos eran plebeyos surgidos del tercer estado. Mientras que quienes concentraban las grandiosas rentas eclesiásticas formaban parte del alto clero y, por supuesto, eran nobles. “En 1789 ni uno solo de los 143 obispos existentes dejaba de ser noble”.[4] Este alto clero estaba exento de pagar cargas directas, sólo abonaban un don gratuito estipulado por él mismo. Únicamente el clero era dueño de existencia política propia, una asamblea, administración y, además, tribunales. Detentaba alrededor del diez por ciento del suelo y muchos señoríos. Sumado a ello, recaudaba el diezmo de lo producido por sus campos. No obstante, tenía la carga del estado civil: registro de bautismo, de casamientos y de defunciones. Además, se encargaba de la beneficencia y de la enseñanza y de la censura de los libros.[5] El tercer estado sólo podía formar parte del bajo clero. Quienes lo integraban provenían del pueblo y compartían su sufrimiento. Al mismo tiempo, el alto clero intentaba vivir tan magníficamente como lo hacía la nobleza de corte. Debemos aclarar que, la ausencia de moral y de disciplina, era cada vez más acentuada en el alto clero. Empero, más allá de estas de cuestiones de degradación individual sobraron, al mismo tiempo, sacerdotes que defendían y propagaban las ideas iluministas.[6] El Segundo Estado: La nobleza. Esta estaba “compuesta por los funcionarios de la corte del rey, quienes constituían la alta nobleza, la nobleza rural con características feudales y la nobleza de toga”.[7] Gozaban de privilegios especiales: detentaban los mas altos cargos del poder; ejército, iglesia, administración. Además: poseían “importantes exenciones fiscales, derechos de cobrar impuestos de tipo feudal, derechos de libre caza, etc”.[8] La alta nobleza o, nobleza de corte estaba integrada por quienes rodeaban al rey. Si bien esta solía llevar un tren de vida espléndido, se arruinaba y endeudaba con una facilidad prodigiosa. Paradójicamente, estos nobles que vivían de la prodigalidad del rey, conspiraban en su contra. Además un “grupo de la nobleza liberal, aunque ligado a sus privilegios sociales, se acerco a la alta burguesía, con la que compartía determinados intereses económicos”. [9] Menos beneficiada era la nobleza rural que, sin contar con los favores del rey, resultaba cada vez más perjudicada y, sumado a ello, no podía seguir exigiéndole al campesinado. Estos nobles no hacían mas que deambular por sus viviendas solariegas y esperar los frutos que el campo entregaba.[10] Lógicamente, este sector de la nobleza, odiado por los campesinos, guardaba un gran resentimiento hacia el rey y la nobleza de Corte.Por último, estaba la nobleza de toga, constituida por altos funcionarios judiciales y administrativos. Creada en el siglo XVI, cuando individuos de la alta burguesía compraron cargos transmisibles en forma hereditaria.[11] Ya en el siglo XVIII esta nobleza, había conseguido la aceptación de la nobleza de corte que, en un primer momento, la rechazaba.[12] Mathiez afirmaba respecto a la nobleza de toga: “en el país, obligado a ser mudo, solo ellos tienen el derecho de crítica y lo ejercen, para alcanzar popularidad, protestando contra los nuevos impuestos, denunciando el lujo de la corte, y haciendo públicos los despilfarros y abusos de todo género”.[13] La nobleza aún constituía la clase más importante en la Francia de finales del siglo XVIII. No obstante, “sus contradicciones internas y sus encontronazos frecuentes con las otras clases la estaban empujando hacia un arreglo de cuentas. La nobleza rural, profundamente reaccionaria, aspiraba a un aflojamiento del absolutismo y quería participar en los festines de la nobleza cortesana; la nobleza de toga, también muy reaccionaria, prefería el mantenimiento del sistema vigente, en lo posible, una mayor burocratización del aparato estatal; la alta nobleza próxima a la corte, en fin, vacilaba entre el conservadorismo y el liberalismo y no se mostraba muy dispuesta, tampoco, a renunciar a sus ventajas”.[14] El surgimiento del tercer estado: Por último enunciaremos al Tercer Estado, también conocido como Estado llano. Lo constituía el 98% de la población y se caracterizaba por su compleja composición.[15]Era “la masa de la nación, el conjunto de los productores. Su unidad proviene, sobre todo, de su oposición a los privilegios: los que trabajan y producen son aplastados con cargas para mantener los órdenes privilegiados, los que poseen la preponderancia no tienen ningún derecho político. De ahí la contradicción social fundamental del antiguo régimen. Pero, del financiero opulento al miserable artesano, la diversidad es grande. El tercer estado comprende muchas jerarquías sociales”:[16] La burguesía constituye la clase que orquestó la revolución y que mas resultó beneficiada. Su estructura no era homogénea: el primer lugar lo ocupaban financieros que habían progresado sirviendo al estado. Además, estaba la burguesía comerciante, floreciente en los puertos marítimos. Negociaba, entre otras cosas, la mano de obra rural y la manufactura.[17] Cabe aclarar que “la burguesía poseía, en efecto, la mayor parte de la fortuna francesa. Progresaba sin cesar, en tanto que las clases privilegiadas se arruinaban”.[18] Por debajo, estaba la pequeña burguesía artesanal, desangrada por su dependencia al mercado. Además están los asalariados urbanos y los campesinos, al mismo tiempo que otros grupos intermedios. Aclaremos que, hasta el desarrollo del capitalismo, los límites entre estos núcleos sociales serán muy confusos.[19] El inconveniente fundamental del pueblo lo constituía el salario y el poder de adquisición de éste. El valor del pan que desde un principio era muy alto, había subido drásticamente hasta llegar a ocupar en 1789 el 88% de la canasta familiar dejando sólo un margen de un 12% para destinar a otros gastos. Este dato es importante, puesto que, el pan representaba el gasto más importante. Añadiremos que, durante el período ubicado entre 1726 a 1789 el costo de vida aumentó un 107%. Estos datos nos obligan a observar cuál era uno de los principales problemas que debían afrontar los núcleos sociales menos pudientes.Quedan todavía por examinar a quiénes constituían la parte de la población que proporciono los cuadros de las masas revolucionarias. Comenzaremos con los campesinos quienes representaban la mayoría de la población. La Francia de fines del siglo XVIII era en su esencia rural y campesina, por lo que la mayoría de la producción era agrícola. La condición de los campesinos cambia de un extremo a otro: si bien la mayoría era libre, todavía se podían encontrar muchos siervos. Entre los primeros, hallamos un proletariado rural muy numeroso: el de los jornaleros agrícolas. Ello se debe a la reacción señorial y al aumento de las cargas feudales y reales. Una vida frugal similar a la de los jornaleros era la que llevaba los pequeños campesinos, quienes poseían insuficientes tierras, a veces alquiladas y, con frecuencia, debían trabajar como asalariados.[20] Afirmaba Mathiez, “Los campesinos son las bestias de carga de esta sociedad. Diezmos, censos, terrazgos, prestaciones personales, impuestos reales, servicio militar: todas las cargas pesaban como ellos. Las palomas y la casa del señor destruían, impunemente sus cosechas”...”Comían carne solo los grandes días de fiestas, y el azúcar no llegaba a ellos sino en caso de enfermedad”.[21] No obstante esto, existía paralelamente una burguesía rural compuesta por los grandes arrendatarios que acaparaban todas las tierras en locación en detrimento de pequeños campesinos y jornaleros. Finalmente, estaban los labradores: campesinos propietarios pudientes e incluso ricos. Como se pudo observar los matices, dentro del núcleo de los campesinos, son muy variados. Esto se debe al desigual reparto de tierras. Debido a este, muy pocos campesinos lograron tener sus propias propiedades. Por ello, las propiedades colectivas eran muy defendidas por los campesinos y el progreso del individualismo agrario y de la agricultura en sentido capitalista era muy aborrecido. Diremos, además, que no había clase obrera organizada, puesto que la gran industria recién empieza a asomarse. Estos no tienen aún conciencia de clase y se pliegan a la revolución en pos de su subsistencia. Acabaremos mencionando los artesanos y tenderos quienes engrosaron las tropas de las jornadas revolucionarias y constituyeron la mayoría del partido sans-culotte.[22] De todo lo anterior, se deduce que la sociedad de la Francia de fines del siglo XVII “es una sociedad en ebullición. Desean un cambio la mayoría de los campesinos, las masas urbanas, la burguesía, todos los sectores que constituyen el Tercer Estado. Algunos nobles con problemas económicos y el bajo clero se inclinan también por reformas en la sociedad y la política francesas. Se oponen a cualquier reforma y a la pérdida de sus privilegios el resto de la nobleza y el clero”.[23] Todas estas circunstancias unidas, desde hace mucho tiempo atrás, hacen de la sociedad francesa el terreno ideal para que florezca una Revolución de tal envergadura. Causas intelectuales de la Revolución Francesa: el iluminismo
Hasta aquí hemos visto como los intereses de los diferentes sectores de la sociedad francesa precipitaron los hechos que forjaron la revolución. “No obstante, un sorprendente consenso de ideas entre un grupo social coherente dio unidad efectiva al movimiento revolucionario. Este grupo era la «burguesía»; sus ideas eran las del liberalismo clásico formulado por los «filósofos»”...”en este sentido, los «filósofos» pueden ser considerados en justicia los responsables de la revolución”.[24] Por ello, comentaremos a continuación las ideas de los principales pensadores que ejercieron más influencia en los momentos previos a la Revolución Francesa. John Locke: La teoría política liberal. John Locke (1632-1704) fue el fundador de la teoría liberal de los siglos XVII y XVIII. La cual puede encontrarse en el Segundo tratado de gobierno civil. Según Locke, en un principio, los hombres vivían en un estado natural en el que no existía ningún gobierno. La única ley era la de la naturaleza, que cada hombre se encargaba de hacer valer para poder proteger sus derechos naturales a la vida, a la libertad y a la propiedad. No obstante, llegó el tiempo en que los hombres advirtieron la caducidad de este sistema puesto que en lugar de beneficiarlos, los enfrentaba. Por ello, estos pactaron fundar la sociedad civil, establecer un gobierno y transferirle poderes limitados. [25]“Para evitar este estado de guerra”...”es por lo que, con gran razón, los hombres se ponen a sí mismos en un estado de sociedad y abandonan el estado de naturaleza”.[26] No obstante, este gobierno no tiene un poder absoluto, sino que, el único poder que detenta es el de hacer valer la ley natural.[27] Puesto que, según Locke, “la finalidad del gobierno es el bien y la humanidad”, toda vez que alguien –incluidos los gobernantes- trate de invadir forzosamente los derechos de los otros, “será culpable del mayor crimen del que un hombre es capaz” y “debe ser tratado como merece”. [28] Por lo tanto, y de acuerdo con lo anterior, es posible concluir que “el racionalismo político lockeano que da origen al pacto social y a la institución del gobierno civil, es el que también justifica su disolución”.[29]Locke rechazaba al absolutismo, censuraba la monarquía despótica y la soberanía absoluta de los parlamentos.[30] Fue, también, un defensor de la propiedad privada.[31] Además de ello ”insistió mucho en el derecho que todo ser humano tiene a buscar por si mismo la verdad y, por lo tanto, afirmó enérgicamente el principio de libertad de pensamiento y de conciencia. Recalcó especialmente que ninguna mente humana posee la garantía de infabilidad; y que, por tanto, resulta absurdo que una autoridad política quiera imponer su propio pensamiento a quienes disienten de él”.[32] Por todo lo anterior, no nos resulta extraño que Locke haya sido una influencia tan fuerte para los autores previos a la Revolución Francesa y para la Revolución misma. Voltaire: la gran batalla contra la intolerancia. “En realidad, con su prosa sarcástica, cortante y elegante, con su pasión por la justicia y su ilimitado amor por la tolerancia, con sus rizas y sus furias, Voltaire (1694-1778) es el signo más representativo de la cultura ilustrada”.[33] Arduo defensor de la tolerancia sostenía que poseemos un limitado conocimiento de las cosas y, por lo tanto, todos podemos cometer errores: por esta razón debemos tolerarnos recíprocamente. Pensaba que la intolerancia iba de la mano de la tiranía, y reprobaba a la Iglesia porque lo que adora es su interés y no su Dios.[34] Combatía tenazmente contra el antiguo régimen de la misma forma que respetaba a la burguesía , esto es observable en su Carta sobre el comercio donde afirma: “En Francia es marqués quienquiera, y cualquiera que llegue a París desde el interior de una provincia, con dinero para gastar y un nombre que termine en ac o en ille, puede decir: «un hombre como yo, un hombre de mi calidad», y despreciar soberanamente a un comerciante”...”sin embargo, no sé quién es más útil a un estado, si el señor”...”que se da aires de grandeza haciendo el papel de esclavo en la antecámara de un ministro, o el comerciante que enriquece a su país”...[35] Charles Louis de Secondat, barón de La Brede y de Montesquieu: La división de poderes. La obra más importante del barón de Montesquieu (1689-1755) intitulada Del espíritu de las leyes inauguró nuevos procedimientos y concepciones que perfeccionaron la teoría del estado. Para conseguirlo, estudió los diferentes sistemas políticos vigentes “desde su mismo espíritu”,[36] siguiendo el método aristotélico. Conjuntamente, afirmaba que no existía una forma de gobierno ideal adecuada a todos los pueblos y en todas las condiciones. Por ello, las instituciones para marchar correctamente deben estar de acuerdo con las condiciones físicas y sociales del pueblo en que intentan funcionar.[37] Respecto a Francia creía que “la forma más apropiada era la monarquía limitada, porque consideraba a la nación demasiado grande para transformarse en república, a menos que fuese sobre una base federal”.[38] Además, Montesquieu nos interesa principalmente por su teoría de la división de poderes. Sostenía que cualquier tipo de gobierno podía degenerar en despótico a causa de la tendencia natural del hombre a abusar del poder que se le otorga.[39] Añadía que para evitar el despotismo y forjar esos límites es preciso que “el poder frene al poder”. La autoridad del gobierno debería dividirse, al igual que en Inglaterra, en tres ramas: la ejecutiva, la legislativa y la judicial.[40] Así, al impedir que una misma mano domine dos o más poderes, se crean las condiciones para conservar la libertad[41] y, por lo tanto, evitar el despotismo. Jean Jacques Rousseau: El contrato social. La democracia constituyó el segundo de los más importantes ideales políticos que influyeron en la gesta de la Revolución Francesa. El padre de la democracia en la modernidad fue Jean Jacques Rousseau (1712-1778) arduo defensor de esta y de la idea de igualdad entre los individuos. El contrato social y el Discurso sobre el origen de la desigualdad son sus obras más importantes en este tema. Sendos escritos exponen la idea de que la humanidad en su origen vivía en un estado natural. El cual, al contrario de lo que pensaba Locke, constituía el mejor medio donde convivir.[42] Ya que, no existía la propiedad privada, no había diferencias entre los hombres. Pero con la aparición de esta surgieron la desigualdad y los conflictos. [43] Según Rousseau: “El primero que, habiendo cercado un terreno, se le ocurrió decir: esto es mío, y encontró gentes lo bastante simples para creerlo, ése fue el verdadero fundador de la sociedad civil”.[44] A partir de ello, para conseguir seguridad cada individuo unió sus fuerzas a el resto y, por ende, transfirió sus derechos a la comunidad. Para, de esta manera “Encontrar una forma de asociación que defienda y proteja de toda fuerza común a la persona y a los bienes de cada asociado, y gracias a la cual cada uno, en unión de todos los demás, solamente se obedezca a sí mismo y quede tan libre como antes”.[45] Se llega a esta situación mediante la confección de un pacto social del que es resultante el Estado. De esta forma, los ciudadanos transmutan la libertad salvaje del estado natural en la libertad genuina de los seres racionales respetuosos de la ley: cambiamos, así, por seguridad el peligro que representamos nosotros mismos.[46] Por lo tanto, resulta comprensible la ensortijada afirmación: obligar a un individuo a obedecer la voluntad general sólo es, por lo tanto, «obligarlo a ser libre».[47] Rousseau afirmaba, además, que la comunidad está legitimada para instaurar un gobierno o deponerlo a su antojo.[48] Idea presente ya en la obra de Locke.[49] Como es posible observar, las doctrinas de Rousseau acerca de la autoridad soberana de la mayoría y de la igualdad fomentaron fuertemente, sobretodo, el desarrollo de la segunda parte de la Revolución Francesa. Hasta podríamos afirmar que: “el ideal igualitario conduce así desde Rousseau al presocialismo babuvista, pasando por Roberspierre. Después, en el XIX, recibirá un vuelco considerable con la revolución industrial, y una nueva formulación con el marxismo”.[50] Si bien es cierto que la revolución habría estallado de todas forma, las doctrinas de estos pensadores acerca de los derechos naturales, el gobierno limitado, el derecho a la resistencia de la tiranía, el amor a la tolerancia, la teoría de la separación de los poderes, la teoría política democrática, los dogmas sobre la autoridad suprema de la mayoría, el rechazo al antiguo régimen, la defensa de la propiedad privada. Y por sobre todo, las ideas de libertad, igualdad, y fraternidad presentes en la Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano,[51] “establecieron la diferencia entre una simple quiebra de un viejo régimen y la efectiva y rápida sustitución por uno nuevo”.[52] Aquí estriba la importancia de estos conceptos y la razón por la que deberían ser considerados parte de las causas de la revolución. Conclusión:De acuerdo a lo expuesto en las líneas anteriores, resulta lícito concluir que tanto las causas sociales como las intelectuales, fueron importantes durante la gestación de la Revolución Francesa. Marcos Carlos Carbajo
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- VIGO, Rodolfo Luis (h.): “Visión crítica de la historia de la filosofía del derecho”, Editorial Rubinzal y Culzoni, Santa Fe, 1984.
- VILLAVERDE, María José: Estudios preliminares de “El contrato social”, Ediciones Altaya, Barcelona, 1993.
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