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El Facundo de Sarmiento y su relación con las lenguas y el saber extranjero PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Marcos Carlos Carbajo   
viernes, 27 de octubre de 2006
Teniendo en cuenta la escena inicial de Facundo intentaremos explicar a continuación como presenta este texto la relación con las lenguas y el saber extranjero.
Para lograrlo, partiremos de una frase contenida en la escena inicial del texto:
“A fines de 1840, salía yo de mi patria, desterrado por lástima, estropeado, lleno de cardenales, puntazos y golpes recibidos el día anterior en una de esas bacanales sangrientas de soldadesca y mazorqueros. Al pasar por los baños de Zonda, bajo las armas de la patria que en días más alegres había pintado en una sala, escribí con carbón estas palabras: On ne tue point les idées. El Gobierno, a quien se comunicó el hecho, mandó una comisión encargada de descifrar el jeroglífico, que se decía contener desahogos innobles, insultos y amenazas. Oída la traducción, “¡Y bien! –dijeron-, ¡Qué significa esto?”...”[1] 
Según Ricardo Piglia, en esta frase “estamos frente al núcleo mismo del libro: (...) La oposición entre civilización y barbarie se cristaliza en el contraste entre quienes pueden y quienes no pueden leer esta frase (que es una cita) escrita en otro idioma.”[2]A través de ella, este narrador, que aparece exiliándose, nos demuestra que puede escribir en una lengua extranjera y, además, que puede producir su propia traducción. El narrador responde a los golpes que había recibido el día anterior con una frase en francés, de esta forma se burla de la barbarie mientras que convierte a la escritura en es su arma de combate.
“Abandona su lengua natural del mismo modo que abandona su patria”[3] en una frase que a un mismo tiempo posee una doble significación política: por un lado, lo que la frase misma significa (en la traducción mediada por Sarmiento: “A los hombre se degüella a las ideas no”), por el otro, el hecho de que la frase esté redactada en francés y no en español, identifica a su autor con lengua de la civilización utilizada por los ilustrados. En este sentido Piglia afirma que “Lo que está en juego es el manejo y la apropiación de la cultura europea. El escritor se define como un civilizador y sus textos son el escenario donde circulan y se exhiben las lecturas extranjeras.”[4]
En este sentido es necesario aclarar que entre los argumentos que Sarmiento esgrime contra Bello, afirma que con la introducción de extranjerismos no se degrada el idioma español sino que, por el contrario, la necesidad de recurrir a idiomas extranjeros demuestra que la cultura española está degradada. Siguiendo a Herder que afirma que un idioma es la expresión de las ideas de un pueblo[5] sostiene que las lenguas extranjeras deben ser valoradas por el saber que transmiten. En Contestación a un quídam es categórico: 
“Cuando queremos adquirir conocimientos sobre la literatura estudiamos a Blair el inglés, o a Villemain el francés, o a Schlegel el alemán, a Guizot el galo, a Thiers el francés; si queremos escuchar los acentos elevados de las musas, los buscamos en la lira de Byron o de Lamartine o de Hugo, o de cualquier otro extranjero; si vamos al teatro, allí nos aguarda el mismo Victor Hugo y Dumas y Delavigne y Scribe y hasta Ducange; y en política y en legislación y en ciencias y en todo, sin excluir un solo ramo que tenga relación con el pensamiento, tenemos que ir a mendigar a las puertas del extranjero las luces que nos niega nuestro propio idioma.”[6] 
Acceder a las lenguas originales permite entrar en contacto directo con los saberes extranjeros. Leer muy bien leguas extranjeras consiente el ingreso a la cultura letrada y a las lenguas de la emancipación intelectual.
Encontramos, pues, cada capítulo del Facundo encabezado por una cita que pertenece, generalmente, a un autor extranjero: Los capítulo I y el capítulo III están encabezados por una cita de Head en francés,[7] el capitulo II por una cita de Humbolt en francés,[8]el capítulo V por una cita de Alix en francés,[9]el capítulo VI comienza con una cita de Roussel en inglés,[10]el capítulo VII con una frase de Chateubriand en francés,[11]y así sucesivamente. Remarcaremos cita a Shakespeare en el capítulo VIII pero lo hace en español[12]y en el capítulo X y XI en francés.[13]
Encontramos, entonces, que sobre esta sucesión de citas a autores extranjeros se estructura la narración de Facundo. Las citas son asimiladas por la textura del Facundo de tal modo que a veces llegan a constituirse como una pieza intrínseca del texto: “Basta con ver el modo en que Sarmiento traduce la frase que abre el libro: On ne tue point les idées se transforma en A los hombre se degüella a las ideas no. En el proceso de la traducción la frase se “nacionaliza” y pasa a ser, de hecho, un texto de Sarmiento”[14] (...)
En algunos momentos, Sarmiento usa su escritura para sustentar las citas, en otros, diluye las citas en su narración. No obstante, en todo momento el sistema de referencias culturales utilizado por Sarmiento está determinado por la demasía y por la ostentación. “Pero a la vez ese manejo “lujoso” de la civilización está corroído, desde su interior, por la barbarie. No hay que olvidar que esa frase francesa es, por otro lado, una cita falsa.”[15]Las citas de Shakespeare en francés y en español y no en inglés confirmarían esta hipótesis de Piglia.
Finalmente, concluiremos que, como lo demuestra la frase de la escena inicial del Facundo y teniendo en cuenta los argumentos esgrimidos en la polémica con Bello, Sarmiento recurre a las lenguas y a los saberes extranjeros con el fin de oponer la civilización a la barbarie, intenta apropiarse de la cultura europea ilustrada para poder iluminar la cultura americana. Este proceso mimético, empero, “nunca conlleva la repetición de la autoridad imitada: somete la palabra del otro europeo a una descontextualización inevitable, que a veces resulta en parodias involuntarias.”[16]

Marcos Carlos Carbajo

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[1] SARMIENTO, D. F.: Facundo. Ediciones Estrada. Bs. As., 1940. Página 2.

[2] PIGLIA, Ricardo: “Notas sobre Facundo” en Número 8. Año III. Mayo-Junio, 1980. Página 15.

[3] Idem.

[4] PIGLIA, Ricardo: “Notas sobre Facundo”, op cit, página 16.

[5] Cfr. HERDER, Johan Gottfried: Poesía y lenguaje. Op cit, páginas 34-35.

[6] SARMIENTO, D. F.: “Contestación a un quídam” en Polémica literaria. Editorial Cártago. Bs. As., 1955. Página 53.

[7] SARMIENTO, Domingo F.: Facundo. Colección Ombú. Editorial Gradifco. Bs. As., 2000. Página 17, 49.

[8] Ibidem, página 33.

[9] Ibidem, página 69.

[10] Ibidem, página 81.

[11] Ibidem, página 95.

[12] Ibidem, página 109.

[13] Ibidem, páginas 135, 145.

[14] PIGLIA, Ricardo: “Notas sobre Facundo”, Op cit, página 16.

[15] Ibidem,  páginas 17.

[16] RAMOS, Julio: “Saber del otro: escritura y oralidad en el Facundo de D. F. Sarmiento” en Desencuentros de la modernidad en América Latina. Literatura y política en el siglo XIX. Fondo de cultura económica. México. Página 22.

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