Luego de sostener que el aporte peculiar de Gutiérrez respecto del mito del gaucho es, acaso, refutarlo, Borges elige, de todas las novelas de Gutiérrez, a Hormiga Negra, por su falta de pompa sentimental y la veracidad de su estilo incivil. Habla también del “desconcierto” que debieron sentir los compadritos veneradores del gaucho ante esta novela. Y del “escandaloso” sabor de la veracidad de la misma.
Formularemos, seguidamente, modestas opiniones sobre estos comentarios e intentaremos explicar por qué a la luz de las polémicas en torno al moreirismo o al criollismo como en cuanto a lo popular gauchesco entendido como tradición Hormiga Negra es un texto desplazado.
Conociendo las particulares características de Hormiga Negra, no nos genera extrañeza la lectura de los comentarios que hace Borges al respecto.
A diferencia de la pintura que nos ofrecen autores como José Hernández, que presentan al gaucho como una entidad modelo habitante de un pasado ideal, los textos de Gutiérrez se presentan teñidos de cierta inmoralidad, no pretenden idealizar a sus personajes sino mostrarlos con sus vicios y virtudes y lo hacen desde una perspectiva moderna (deseando emular el “escandaloso” sabor de la veracidad). Y si los textos de Gutiérrez, en general, tienen estas características, el folletín Hormiga Negra en particular, tiene algunas peculiaridades más que singularizan al personaje y lo alejan del mito del gaucho.
Para empezar, diremos que, el personaje Hormiga Negra no encuentra su origen exclusivamente en la imaginación del autor. Ni resulta de la idealización de algún gaucho muerto. En el momento en que se publica el relato, Gutiérrez afirma que Hormiga Negra está vivo y que se encuentra cumpliendo condena.
“Toca hoy su turno al alegre viviente del pabellón número cuatro de la penitenciaria cuyo alias curioso es conocidísimo en los pueblos del norte (...) Hormiga negra es un ser pequeñito, delgado, de nariz aguda y de mirada nás aguda todavía. Su pelo rubio y de grandes rizos no ha sido cortado como el del rostro de los condenados, en atención a una dolencia física.”[2]
Se lo presenta como un gaucho de pequeña contextura, débil, delgado, de cabellos rubios cuyo hábitat es la prisión. Y, a diferencia de Martín Fierro que es un gaucho que le “sucede matar” y de Juan Moreira que, primero, comete crímenes para vengar injusticias codificadas por su ley oral y que, más adelante mata porque se debe a su nombre o a su fama, para Hormiga Negra, en cambio, matar es un fin que se justifica a sí mismo. Mata porque sí, por impulso, a traición y por descuido. Todas estas características lo convierten en un verdadero antihéroe de la literatura gauchesca, en términos de Borges: en la refutación del mito del gaucho.
En este sentido podemos decir que Hormiga Negra es un texto desplazado de las polémicas en torno al moreirismo o al criollismo como en cuanto a lo popular gauchesco entendido como tradición, puesto que, este gaucho particular hijo de un relato moderno no se asemeja ni al “padre que vuelve del exilio, se dirige a sus hijos y les canta, en versos gauchescos tradicionales, el olvido de la justicia oral de confrontación: el olvido de la violencia popular.”Ni es el gaucho vehemente, representante de “la voz de la oposición “nacional” mitrista en el interior del liberalismo”,que mediante la confrontación y la violencia intenta imponer la justicia popular.
Marcos Carlos Carbajo
Esta dirección de correo electrónico está protegida contra los robots de spam, necesita tener Javascript activado para poder verla
LUDMER, Josefina: “ Los moreira” en El cuerpo del Delito. Un manual. Libros Perfil. Buenos Aires, 1999. Página 229.