|
 Finta Métrica, fotografía tomada por frozi * Muchas vueltas le doy últimamente, al papel que juega la métrica en la poesía. Hasta qué punto es necesaria, hasta qué punto encorseta o embellece, hasta qué punto el prescindir de la métrica y recurrir al verso libre aproxima la poesía a la narrativa o, al menos, a los poemas en prosa.
Y en esa búsqueda del sentido de la métrica, me parece haber encontrado una respuesta, una curiosa respuesta, una respuesta que recurre a la comparativa con otras disciplinas. Y la respuesta es que la métrica no es, ni más ni menos, que una ‘best practice’.
En cualquier disciplina, se tiende a buscar modelos, luces que nos indiquen el camino correcto de hacer las cosas. Nos asusta partir de cero, adentrarnos en terreno desconocido sin mapas, encontrarnos con ‘el papel en blanco’. Pero hay algo más. No sólo se trata de vencer el miedo a lo desconocido. Es que el aprendizaje colectivo se basa en acumular y reutilizar experiencias. No tiene sentido, y sería un impedimento para el progreso, que cada ser humano tuviese que re-emprender en solitario un camino de aprendizaje que ya se inició colectivamente hace siglos, milenios. Por último, en nuestro competitivo mundo actual, existen también exigencias de eficacia y eficiencia. Partir de cero pudiera, incluso, ser estimulante, pero es un desperdicio de recursos, es ineficiente en definitiva. Buscando vencer el miedo, buscando aprovechar el acervo de conocimientos y experiencias, buscando, además, la eficiencia, el ser humano ha intentado, en distintas disciplinas y en distintos modos, aprovechar lo existente, el conocimiento acumulado. En el mundo de los negocios se aplican técnicas de ‘bechmarking’, en medicina se recurre a protocolos y se intentan vías clínicas, en análisis de procesos se desarrollan metodologías, en ingeniería de software se hacen catálogos de patrones de diseño. Se busca, en fin, observar lo ya hecho, aquello que ha tenido éxito en el pasado y que, si no garantiza, sí al menos facilita el éxito futuro. Y eso es lo que, de forma quizá petulante y siempre anglicista, se ha dado en llamar ‘mejores prácticas’ (‘best practices’): el reconocimiento, catalogación y reutilización de técnicas y estrategias que producen buenos resultados. ¿Y qué es la métrica?. Pues una ‘best practice’. A lo largo de los siglos los poetas han buscado la belleza, la musicalidad, la comunicación de sentimientos. En esa búsqueda, han ido descubriendo los positivos efectos que tenía la rima, han descubierto que convenía mantener longitudes silábicas semejantes entre versos, han encontrado combinaciones de número de versos, longitudes y rimas que producían los buscados efectos de belleza. Y así han definido estrofas y combinaciones estróficas, han definido coplas y redondillas, sonetos, romances y silvas. Han definido, en definitiva, unas ‘best practices’ poéticas, unas formas, que si se utilizan, garantizan unos mínimos de musicalidad y belleza. Como en el caso de otras ‘best practices’, sus primas, utilizar las combinaciones métricas ya definidas no garantiza el éxito. Y, como ocurre también en otras disciplinas, la existencia de ‘best practices’ no elimina la búsqueda de nuevas estrategias, de nuevas técnicas, la innovación. Pero el uso de las reglas definidas proporciona una base que recoge el aprendizaje poético de siglos, elimina una parte del vértigo ante lo desconocido y garantiza unos mínimos, unos resultados poéticos, cuando menos, razonables. Ignacio González de los Reyes-Gavilán
Documento sometido a licencia Creative Commons 2.5 Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada Cfr. http://www.telefonica.net/web2/igrgavilan * Nota ilustrada con la fotografía Finta Métrica, tomada por frozi. Licencia Creative Commons.
|