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Terry Eagleton en ´Una introducción a la teoría´ PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Marcos Carlos Carbajo   
miércoles, 02 de mayo de 2007

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Finally, fotografía tomada por Nouveaustar *
“El tener un título donde el Estado certifica que usted terminó satisfactoriamente los estudios correspondientes a la carrera de letras, equivale a decir que usted está capacitado para hablar y escribir de determinada manera. Esto es lo que se enseña, examina y certifica, no lo que usted piense o crea, ya que lo “pensable”, por supuesto, quedará restringido por el lenguaje.”

Terry Eagleton en Una introducción a la teoría

En  Una introducción a la teoría Terry Eagleton comienza planteando la pregunta ¿Qué es la literatura? Para luego afirmar que es imposible definir esta disciplina. Debido a que no hay ninguna esencia de literatura, toda definición es provisoria y relativa. No hay definición ontológica, no hay respuesta.

El concepto de ficción no es suficiente para definirla. Gran parte de la literatura no es ficción. El diario, la crónica, las epístolas, etc. pueden no ser ficción, no obstante, formar parte de la literatura. Inversamente, hay obras de ficción que no forman parte del universo literario (por ejemplo, las historietas).

Otro intento de definir la literatura es el que nos brinda el formalismo ruso. Este grupo entendía a la literatura como un lenguaje singular que se opone a uno práctico. Los formalistas sostenían que hay una especificidad del lenguaje poético. Lo que lo diferencia  es la orientación que toman los signos. A diferencia del lenguaje práctico en el que los signos están orientados hacia los objetos (referentes) en el lenguaje poético los signos están orientados hacia sí mismos (auto-referencia).

Jakobson, por ejemplo, sostenía que el signo poético es opaco a diferencia del signo práctico que es transparente. A este fenómeno producido por el lenguaje poético los formalistas lo llaman extrañamiento. Terry Eagleton dice que el extrañamiento no rige siempre sino que depende del contexto en que se lee: el extrañamiento no es inherente a la literatura misma.De modo que no hay nada que podamos definir como la esencia de la literatura sino al entorno en que se produce. No habría norma ni transgresión a la norma puesto que no hay “lengua normal”. Además, hay discursos, como el publicitario, que también hacen uso de la función poética del lenguaje sin pertenecer al universo literario.

“En este sentido puede considerarse la literatura no tanto como una cualidad o conjunto de cualidades inherentes que quedan en manifiesto en cierto tipo de obras (...) sino como las diferentes formas en que la gente se relaciona con lo escrito. No es fácil separar, de todo lo que en una u otra forma se ha denominado “literatura”, un conjunto de características intrínsecas. (...) No hay absolutamente nada que constituya la “esencia” misma de la literatura.”[1]

Esto se explica cuando observamos la relación entre la literatura y determinados juicios de valor. En este sentido, literatura es lo que es bello.

“Parecería, pues, que los juicios de valor tienen ciertamente mucho que ver con lo que se juzga como literatura y con lo que se juzga que no lo es.”[2]

Por lo tanto, observa a la literatura en términos de juicios de valor. De acuerdo a esta perspectiva, hablar de literatura implica hablar de diferentes modos de sentir, evaluar, juzgar, etc. Se manifiestan, entonces, visiones ideológicas que tienen que ver con relaciones y estructuras sociales de poder. Los juicios de valor son indisociables de determinadas perspectivas ideológicas.

“Los departamentos de literatura en las instituciones de educación superior son, por lo tanto, parte del aparato ideológico del Estado capitalista moderno.”[3]  

Eagleton observa el despliegue de la teoría literaria a lo largo del Siglo XX y los paradigmas que esta teoría literaria contemporánea sostenía. Luego, plantea una crítica global a todas las escuelas afirmando que lo que tienen en común es que comparten una huída de la realidad porque todas estas teorías no quieren reparar en lo que la realidad histórica y material nos propone.

Todas estas escuelas se basan en la creencia compartida de que hay un sujeto de carácter individual y contemplativo que por medio de diferentes métodos puede conocer lo que la literatura es. Denuncia el carácter ideológico de estas teorías literarias, el hecho de que no proponen un conocimiento genuino sino un seudo-conocimiento de carácter ideológico. En este panorama ninguna de estas teorías puede responder a la pregunta ¿qué es la literatura? Según Eagleton, esto es así pusto que la literatura en esencia no existe y agrega que no puede ser definida a partir de un método único ni tomada como un objeto único.

En este aspecto, el autor nos recuerda a Foucault, teórico del poder que sostenía que no hay saber sin poder ni poder sin saber. En este sentido, Terry Eagleton afirma que los teóricos y los críticos no son más que los guardianes del discurso, su labor consiste en preservar ese discurso, ampliarlo, etc.

“Los teóricos literarios, junto con los críticos y los profesores, más que impartidores de una doctrina son guardianes del discurso. Su labor consiste en preservar ese discurso, ampliarlo y explicarlo cuando sea necesario, defenderlo contra otras formas de discurso, iniciar a los novatos y decidir si han logrado o no dominarlo.”[4] 

Habría, entonces, distintos agentes de poder: los policías, los vigías, los que certifican, etc. Desde este punto de vista, la literatura no sería un conocimiento desinteresado de las cosas sino todo lo contrario ya que su función reside en preservar relaciones de poder. El que ejerce el poder detenta el saber y viceversa.  

De modo que si el concepto de literatura es una ilusión. Luego, la teoría literaria también lo es.

“Es una ilusión en primer lugar porque la teoría literaria (...) no pasa de ser una rama de las ideologías sociales, carente en absoluto de unidad o identidad que la puedan diferenciar adecuadamente de la filosofía, de la lingüística, de la psicología, del pensamiento cultural o sociológico. En segundo lugar, porque la única esperanza que tiene de distinguirse –aferrándose a un objeto llamado literatura- está fuera de lugar. Debemos concluir, entonces, que más que una introducción este libro es una nota necrológica, y que hemos terminado por enterrar el objeto que intentábamos exhumar.”[5] 

Respecto a este punto plantea lo mismo que Todorov: No existe la literatura, sí las prácticas discursivas literarias. Teniendo en cuenta esto habría que hacer una teoría de los discursos que pueda abarcar todo el universo discursivo. Agrega que esa teoría de los discursos existe desde hace mucho tiempo ya que se trata de la retórica, disciplina encargada de entender cómo funciona un discurso y qué efecto produce. Demás está decir que la retórica es una disciplina política.

“Si algo va ser objeto de estudio, es mejor que lo sea todo el campo de las prácticas en vez de únicamente esas que a veces reciben el nombre oscuro de “literatura”. Opongo a las teorías expuestas en este libro no una teoría literaria sino una clase diferente de discurso –llámese “cultura”, “prácticas significativas” o cualquier otra cosa- que incluiría los objetos (“literatura”) de que tratan esas otras teorías, pero transformándolas colocándolas en un contexto más amplio.”[6] 

Terry Eagleton prioriza, entonces, adoptar un punto de vista esencialmente político. Su propósito “no es ontológico ni metodológico sino estratégico”, ya que la práctica discursiva es una práctica de lucha permanente. Según este autor habría que hablar de prácticas culturales en lugar de hablar de literatura, lo que antes fueron los estudios literarios debería ceder su lugar a los estudios culturales. Eagleton propone una dilución de estudios literarios en post de una ampliación de los estudios culturales.

 

Marcos Carlos Carbajo

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[1] EAGLETON, Terry: “Introducción: ¿Qué es la literatura?” en Una introducción a la teoría literaria. FCE. México 1988. Página 20.

[2] Ibidem, página 21.

[3] EAGLETON, Terry: “Conclusiín: Crítica Política” en Una introducción a la teoría literaria. Op cit. Página 238.

[4] Ibidem, página 239.

[5] Ibidem, página 242.

[6] Ibidem, página 243.

 

* Nota ilustrada con la fotografía Finally, tomada por  Nouveaustar. Licencia Creative Commons.

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Modificado el ( miércoles, 02 de mayo de 2007 )
 
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