 'A pesar del tiempo' de D. Januszevsky *** “El descubrimiento de la muerte es el que nos revela a Dios, y la muerte del hombre perfecto, del Cristo, fue la suprema revelación de la muerte, la del hombre que no debía morir y murió.” Don Miguel de Unamuno*
«El Dios histórico, cargado de sales de siglos, es como el agua de la mar, impotable, y el Dios destilado, teológicamente puro, el de los tomistas –como ese archipedante de Maritain- es, como el agua destilada, impotable también. Con ambos se muere uno de sed» San Manuel agoniza (...) como el Dios griego de la teodicea y el Dios histórico de Valverde de Lucerna.” “Hacia la hora de nona exclamó Jesús con voz fuerte, diciendo: Eli, Eli, lema sabachtani! Que quiere decir: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” San Mateo 27, 46 Comentaremos a continuación algunos aspectos del texto San Manuel Bueno, mártir de Don Miguel de Unamuno. Antes que nada, diremos que dos grandes razones nos mueven a esbozar este ensayo: una señalar la profunda relación que mantiene esta obra con las sagradas escrituras; la otra, remarcar la fuerte presencia de concepciones existencialistas en la misma. Como veremos, ambas cuestiones se encuentran intrínsecamente entrelazadas. Respecto a nuestro primer punto diremos que no son pocas las vinculaciones que mantiene este relato con las Sagradas Escrituras. Estructuralmente, podemos decir que al igual que la Biblia, éste es un relato de relatos: Unamuno (con quien identificamos al narrador en primera persona que nos habla en el epílogo) reproduciría las memorias de Angélica Carballino, texto en el que, de acuerdo a observaciones propias y, sobre todo, relatos de su hermano, este personaje intenta dar fe de la vida de San Manuel el personaje de esta historia.. Sospechamos que mediante esta estructura de cajas chinas, en la que un relato se incrusta dentro de otro, Unamuno pretende generar una sensación de distanciamiento y de verosimilitud al mismo tiempo. Puede decirse que desde el comienzo verificamos en el personaje principal una identificación con el Mesías: su nombre es la traducción española de Emmanuel, calificativo con que Isaías identifica a Cristo y que significa "Dios con nosotros". En la medida en que se desarrollan los acontecimientos se descubrirá también que el personaje principal es equiparado con Moisés. La razón: según Don Manuel: ambos, en algún momento, dudaron de su fe: “Don Manuel hizo suya la supuesta duda o queja de Cristo en la cruz, integrando también la duda de Moisés en cuanto a la tierra prometida.” Este juego de identificaciones le permiten a Unamuno utilizar esta ficción para exponer algunas de sus consideraciones sobre la fe filiadas al existencialismo, y a la vez, deslizar una interpretación alternativa de ciertos momentos de la Biblia más acorde con sus concepciones de carácter existencialistas. Tantas son las citas bíblicas presentes en el texto que relacionan a la vida de Don Manuel con los acontecimientos narrados en las escrituras que, junto con Díaz-Petersen, consideramos como una de las fuentes fundamentales de San Manuel Bueno, mártir al evangelio. No obstante, la interpretación de las escrituras que propone Don Manuel Bueno, mártir no es la que comúnmente se adjudica: el héroe no podía creer en la existencia de Dios. En realidad, iba más allá: “creía que más de uno de los más grandes santos, acaso el mayor había muerto sin creer en la otra vida.” Esta es la razón por la que le pide a Ángela que además de rezar por él, lo haga “también por Nuestro Señor Jesucristo.” Esta identificación con Jesús se verifica en casi todo el texto: El pueblo creía que don Manuel, al igual que Jesús podía hacer curaciones: “Y era tal la acción de su presencia y de sus miradas, y tal sobre todo la dulcísima autoridad de sus palabras y sobre todo de su voz -¡qué milagro de voz!- que consiguió curaciones sorprendentes. Con lo que creció su fama, que atraía a nuestro lago y a él a todos los enfermos del contorno.” Y luego frente al Juez y negándose a interrogar a un reo dice: “al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios” Más adelante el texto describe al personaje de la siguiente manera: “En el pueblo todos acudían a misa, aunque sólo fuese por oírle y por verle en el altar, donde parecía transfigurarse, encendiéndose el rostro.” Pasaje que nos recuerda a San mateo 17, 2 donde encontramos: “Y se transfiguró ante ellos; brilló su rostro como el sol y sus vestidos se volvieron blancos como la luz.” Cuando en su lecho de muerte Blasillo, “el bobo”, se le acerca, don Manuel exclama “Dejadle que se me acerque. Ven, Blasillo, dame la mano.” en situación análoga a Lucas 18, 15-16 donde dice: “También le presentaban niños para que los tocase; viendo lo cual, los discípulos lo reprendían. Jesús los llamó a sí, diciendo: Dejad que los niños vengan a mí y no se lo prohibáis, que de ellos es el reino de Dios.” Pero en el momento en que más se confundía con Cristo era cuando en misa clamaba “¡Dios mío, Dios mío!, ¿Por qué me has abandonado? Siendo esta frase, varias veces reiterada en el texto, el principal conector entre los dos personajes. El momento en que Cristo muere es el momento en que siente, al igual que don Manuel (quien sufría su falta de fe), que Dios no está. A don Manuel lo encontramos asimilado también a un personaje del antiguo testamento: Moisés. Dice Manuel: “Como Moisés, he conocido al Señor cara a cara, y ya sabes que dice la Escritura que el que le ve la cara a Dios, que el que le ve al sueño los ojos de la cara con que nos mira, se muere sin remedio y para siempre.” Este es otro giro de tuerca crucial que nos propone Unamuno, aquí “verle la cara a Dios” es “verle la cara al sueño”, es decir, corroborar la natureleza de Dios de artificio ilusorio. El resto de los personajes no queda exento de este tipo de equiparaciones: Ángela, que en griego significa mensajera, es quien nos informa de la existencia del cura mediante sus memorias. Y Lázaro, hermano de Ángela, es quien gracias al influjo del párroco es convertido en un hombre nuevo "Me hizo un hombre nuevo, un verdadero Lázaro, un resucitado." Respecto a este último personaje, encontramos, por ejemplo, similitudes con las escrituras en el momento de su comunión, “El pueblo al ver llorar a don Manuel, lloró diciéndose: ¡Cómo le quiere! Y entonces, pues era la madrugada, cantó el gallo.” Cfr. San Juan 11, 35-36 “Lloró Jesús, y los judíos decían: ¡Cómo le amaba! Y San Juan 18, 27 “Pedro negó de nuevo, y al instante cantó el gallo.” Encontramos, también, una identificación (hija de la homologación entre Manuel y Moisés) entre Lázaro y Josué: “y luego subió Moisés desde las llanuras de Moab al Monte Nebo, a la cumbre de Fasga, enfrente de Jericó, y el señor le mostró toda la tierra prometida a su pueblo, pero diciéndole a él: “¡No pasarás allá! Y allí murió Moisés y nadie supo su sepultura. Y dejó por caudillo a Josué. Sé tu, Lázaro, mi Josué, y si puedes detener el sol detenle y no te importe el progreso.” Cada uno de los personajes, es como una imagen especular, opuesta y complementaria de algún personaje o valor bíblico. Podemos verificar, entonces, que los personajes de esta obra presentan un alto contenido simbólico, siendo el simbolismo una de las principales características de la novela existencialista. “si la novela psicológica del siglo XIX se caracteriza por presentar a sus personajes como el compuesto de adiciones sucesivas de sus sensaciones y sus sentimientos con mayor o menor hondura y complejidad (...), la novela existencial se define por la pretensión de mostrar a sus personajes por personalidades unitarias, con significación ontológica (...). Es decir, abandonamos la psicología por la ontología.” De modo que, no obstante el alto grado de bagaje religioso, no sería arriesgado catalogar esta novela como existencialista. Ya que las nociones bíblicas ofrecidas en su nueva interpretación están al servicio de la demostración de conceptos existencialistas. Básicamente, el existencialismo es una filosofía que considera a la existencia humana antes que a la esencia. El hombre debe ir existiendo, debe hacer cosas, elegir, luchar, antes de poder ser definido. ”Para el existencialismo, el punto de partida de la investigación filosófica es la existencia y no la esencia; en el orden lógico, la existencia, es, pues anterior a la esencia.”Para intentar considerar la idea de los personajes de Unamuno como símbolos de seres “existentes” utilizaremos algunas de las formulas o expresiones que propone Vicente Fatone y que enumeramos a continuación en relación a la obra tratada: EXISTIR ES SER UN SER DE LEJANÍAS Antes que nada debemos reconocer que, etimológicamente, existir quiere decir dirigirse hacia fuera, salir. “El hombre, en cuanto existe, es el ser que está fuera de sí, el ser que se extraña a sí mismo, el ser lejos de sí.” Esta noción resulta fundamental para entender que tanto Manuel, como Ángela y Lázaro simbolizan seres existentes. EXISTIR ES SER UN SER QUE SE ELIGE A SÍ MISMO El existente es el ser que, constantemente, elige ser quién es. “El hombre, ser que se crea a sí mismo, se crea eligiéndose y eligiendo sus posibles (...). Elegimos todo lo que somos, y somos eso que elegimos creándolo, no escogiéndolo dentro de un juego ya dado de posibles.” EXISTIR ES SER UN SER LIBRE Como dijimos antes el hombre existe porque constantemente se crea eligiendo lo que quiere ser. Ahora bien, según Kierkegaard, “había posibilidades para el hombre, porque el hombre no era sino eso: posibilidad. Y a esa posibilidad anterior a todas las posibilidades concretas la llamó libertad. Existir es ser posibilidad antes de las posibilidades; y esa posibilidad fundamental, que no es posibilidad de nada determinado, y que tiene que crear sus posibilidades, es la libertad.” Respecto a la fe y a la existencia de Dios, Unamuno sentencia: “¿Y qué es la fe?”(...) “«¡Creer lo que no vimos, ¡no!, sino crear lo que no vimos». Y antes os he dicho que creer en Dios es, en primera instancia al menos, querer que le haya, anhelar la existencia de Dios.” (...) “Y la fe en Dios consiste en crear a Dios y como es Dios el que nos da la fe en Él, es Dios el que se está creando a sí mismo de continuo en nosotros.”(...) ”Los que sin pasión de ánimo, sin congoja, sin incertidumbre, sin duda, sin la desesperación en el consuelo, creen creer en Dios, no creen sino en la idea de Dios, más no en Dios mismo”. Aquí podemos ver como, según Unamuno, tomar la decisión de querer que Dios exista implica crearlo. Don Manuel, a pesar de no poder creer en Dios (con la fe de los que creen “sin duda”) siente angustia por su ausencia (“desesperación en el consuelo”), es decir, anhela / quiere su presencia. De acuerdo a estos conceptos expuestos por Unamuno, quererlo implica crearlo, y esto explicaría, en parte, la oscura sentencia de Ángela “murieron creyendo no creer lo que más nos interesa.” EXISTIR ES SER UN SER QUE SE CUIDA DE SU SER En Del sentimiento trágico de la vida, afirma Unamuno: “El hombre, por ser hombre, por tener conciencia, es ya, respecto al burro o a un cangrejo, un animal enfermo. La conciencia es una enfermedad.” En este sentido, diremos que el existente es un ser constantemente fuera de sí. Por esta razón se percibe siempre en riesgo, siempre amenazado. Esta es la razón porque el hombre tiene que cuidar de su ser. “El hombre, a diferencia de la piedra y de Dios, tiene que cuidar de su ser, cuidarse de las cosas, cuidarse de sí mismo, cuidarse de los otros. Y ese cuidado forzoso, esa curia, esa cura, no le dan sosiego. El ser es ante todo el ser que se cura de su ser.” Esta es la razón por la que constantemente elige. Lázaro deja bien en claro de qué hay que cuidarse cuando le dice a su hermana: “Hay, Ángela, dos clases de hombres peligrosos y nocivos; los que convencidos de la vida de ultratumba, de la resurrección de la carne, atormentan, como inquisidores que son, a los demás para que, despreciando esta vida como transitoria, se ganen la otra, y los que no creyendo más que de este (...) mundo esperan no sé qué sociedad futura y se esfuerzan en negarle al pueblo el consuelo de creer en otro.” EXISTIR ES SER UN SER EN EL MUNDO Para el existencialismo, el hombre es un “ser ahí”, un ser en el mundo. “Ser ahí, ser en el mundo, es lo mismo que tener un cuerpo.” Ya que el cuerpo es el fundamento de todas las posibilidades del hombre. Al respecto, nos dice Unamuno: “Y este hombre concreto, de carne y hueso, es el sujeto y el supremo objeto a la vez de toda filosofía, quiéranlo o no ciertos sedicentes filósofos.” Alrededor del “ser ahí” giran la mayoría de las enseñanzas de don Manuel, alguien que, al descreer de la existencia de una vida ultraterrena, apreciaba más la mundana. Al respecto, Ángela dice: “¡Hay que vivir! El me enseñó a vivir, él nos enseñó a vivir, a sentir la vida, a sentir el sentido de la vida, a sumergirnos en el alma de la montaña, en el alma del lago, en el alma del pueblo de la aldea, a perdernos en ellas para quedar en ellas.” Demás está aclarar que en esta frase se verifica claramente la máxima previamente enunciada: “existir es ser un ser de lejanías”. EXISTIR ES SER UN SER CULPABLE El existente es el culpable de su ser porque es quien elige ser quién es. Afirma Fatone, “por el simple hecho de ser, elegimos ser, asumimos nuestro ser; por el simple hecho de ser en el mundo, aceptamos además este mundo en que somos; y confesamos, junto con la culpa de nuestro ser, nuestra culpa de ser en el mundo.” Esta fórmula del existencialismo se verifica en nuestra obra en el pasaje en que Ángela le inquiere a San Manuel acerca de cuál es el pecado por el que debemos arrepentirnos. Él le responde categóricamente: “¿Cuál? (...) Ya lo dijo un gran doctor de la Iglesia Católica Apostólica Española, ya lo dijo el gran doctor de La vida es sueño, ya dijo que “el delito mayor del hombre es haber nacido”. Ése es, hija, nuestro pecado: el de haber nacido.” EXISTIR ES HACER LA EXPERIENCIA DE LAS SITUACIONES ÚLTIMAS Las situaciones límites son horizontes que contienen al existente. La muerte, la culpa, el sufrimiento, etc son situaciones límites que deben ser aceptadas por el ser que existe. Fatone afirma que como existente “he de tener el coraje de aceptar mis situaciones: aceptar la muerte, sin hacerme ilusiones, que son siempre las ilusiones de creer que podría no morirme (...) me hablan de una vida después de la muerte, es decir, no la niegan, la afirman.” EXISTIR ES SER UN SER CON OTROS El hombre es siempre un ser abierto a los otros. Es antes que nada, un animal dialógico. Está bien clara la apertura que mantiene, primero Manuel, y luego Lázaro, respecto al resto del pueblo. La siguiente cita es un ejemplo de ello: “Con aquella su constante actividad, con aquel mezclarse en las tareas de todos, parecía querer huir de sí mismo.” EXISTIR ES SER PARA LA MUERTE, SER UN SER FINITO Desde nuestro nacimiento nuestra posibilidad fundamental es morir. “Junto a Dios y a la piedra, este ser que es el hombre es, podría decirse, la gran traición del ser: el hombre es el ser que se ha elegido finito, el ser que puede siempre decir “¡no!” a su existencia, que puede siempre traicionarse, que siempre puede suicidarse, y que no puede sino morirse.” La actitud agónica de don Manuel se evidencia en varios aspectos de su vida, uno es éste: Él al igual que su padre lucha contra las pulsiones de muerte que lo intentan llevar al suicidio. Su forma de no sucumbir a su muerte reside en ayudar a los demás. Respecto a este tema le confiesa a Lázaro: “Mi vida, Lázaro, es una especie de suicidio continuo, un combate contra el suicidio, que es igual; pero que vivan ellos, que vivan los nuestros!” EXISTIR ES SER UN SER QUE SE SOSTIENE EN LA NADA Como dijimos antes, el hombre para existir, para construirse, necesita distanciarse de sí mismo. De modo que el existente se construye negándose a sí mismo. Dice Fatone, “Negándose, el hombre se libera de sí mismo, se construye y es siempre otra cosa. El hombre es una negación perpetua de sí mismo.” Esta idea hecha luz a la sentencia bastante intrincada de Ángela compuesta de una serie de negaciones / afirmaciones: “creo que don Manuel Bueno, que mi San Manuel y que mi hermano Lázaro se murieron creyendo no creer lo que más nos interesa, pero sin creer creerlo, creyéndolo en la desolación activa y resignada.” (...) “Y es que creía y creo que Dios Nuestro Señor, por no sé qué sagrados y no escudriñaderos designios, les hizo creerse incrédulos. Y que acaso en el acabamiento de su tránsito se les cayó la venda. ¿Y yo, creo? La angustia Del anoticiamiento de la nada, surge la angustia. La angustia sería, entonces, angustia de la nada. La angustia surge cuando al existente se le revela que el ser se sostiene en la nada. El personaje de Manuel está atravesado por este sentimiento: “La verdad Lázaro, es acaso algo terrible, algo intolerable, algo mortal; la gente sencilla no podría vivir con ella.” Este sentimiento de angustia que padece nuestro héroe es parangonado en la obra con el que sufre Cristo: “Y no logro dormir bien, y menos soñar bien... ¡Esta terrible pesadilla! Y yo también puedo decir con el Divino Maestro “mi alma está triste hasta la muerte”” Como podemos observar, don Manuel está parafraseando a San Mateo 26, 38: “Entonces le dijo: triste está mi alma hasta la muerte; quedaos aquí y velad conmigo.” No resulta difícil intuir que la razón de la muerte de don Manuel puede ser encontrada en esta angustia extrema que padece el personaje, generada por la revelación de su presencia frente a la nada, que, paradójicamente es asimilada a la muerte de Moisés por haber estado frente a la presencia de Dios: “La razón por la que se muere Don Manuel no es porque esté lejos de Dios, sino porque se ha consumido en su fuego como en la zarza ardiente de Moisés. Por la misma razón murió Moisés.” CERRANDO IDEAS... “La filosofía parece ocuparse sólo de la verdad, pero quizá no diga más que fantasías, y la literatura parece ocuparse de fantasías, pero quizá diga la verdad.” Antonio Tabuchi A lo largo de estas páginas hemos intentado comentar la obra San Manuel Bueno, mártir de don Miguel de Unamuno. Novela que quienes han podido apreciar, no dudarán en afirmar que se trata en apariencia de una obra de extrema simpleza y de ligera lectura. No obstante, en este humilde ensayo hemos puesto en manifiesto que detrás de esa aparente simpleza cimentada en una arquitectura formidable, se encuentran hábilmente entrelazadas intuiciones de gran complejidad provenientes del existencialismo junto con una gran variedad de conceptos bíblicos, modificando sustancialmente la interpretación de estos últimos y generando una nueva versión del evangelio. De este modo, el texto establece una relación entre existencialismo y cristianismo dirimida en la lucha agónica que padece el personaje principal entre Razón y Fe. Cerraremos este ejercicio recuperando al mismo Unamuno: «El evangelio es, en esencia, tradición oral; tradición oral fijada bruscamente en un texto, cuyos primitivos códices son discutibles. Es el Verbo, la palabra y no la Ley, la escritura, quien se encarnó entre los hombres»” (...) “«el espíritu vivifica, la letra mata» De acuerdo a lo analizado, sospechamos que ésta es la versión del evangelio que Unamuno intentó novelar en San Manuel Bueno, mártir. “Y ahora, antes de cerrar este epílogo; quiero recordarte, lector paciente, el versillo noveno de la Epístola del olvidado apóstol San Judas -¡lo que hace un nombre!-, donde se nos dice cómo mi celestial patrono, San Miguel Arcángel –Miguel quiere decir: «Quién como Dios», y arcángel, archi-mensajero-, disputó con el diablo –Diablo quiere decir acusador, fiscal- por el cuerpo de Moisés y no toleró que se lo llevase en Juicio de maldición, sino que le dijo al diablo: «El Señor te reprenda». Y el que quiera entender que entienda.” Miguel de Unamuno, San Manuel Bueno, Mártir Marcos Carlos Carbajo http://www.corodebabel.com.ar
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14. Cfr. San Mateo 22, 21 “Díjole entonces: pues dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.” UNAMUNO, Miguel de: Ibidem. Página 50. Cfr. Éxodo 33, 20 “pero mi faz no podrás verla, porque no puede hombre verla y vivir.” Cfr. San Juan 11, 2 y 5: “Era esta María la que ungió al Señor con un ungüento y le enjugó los pies con sus cabellos, cuyo hermano Lázaro estaba enfermo.” UNAMUNO, Miguel de: Ibidem. Página 50. En clara alusión a los siguiente versículos: DEUT 32, 48, 49, 52 “Aquel mismo día habló Yavé a Moisés, diciendo: «Sube a este monte Abarím –el monte Nebo, en tierra de Moab, frente a Jericó- y mira desde ahí la tierra de Canán, que voy a dar en posesión a los hijos de Israel (...) Tu verás ante ti la tierra, pero no entrarás en esa tierra que doy yo a los hijos de Israel»”; DEUT 34; 1, 4-5 “Subió Moises desde los llanos a Moab al monte Nebo, a la cima del Psga, que está frente a Jericó; y Yavé le mostró la tierra toda, (..) y le dijo Yavé: «Ahí tienes la tierra que juré dar a Abraham, Isaac y Jacob, diciendo: A tu descendencia se la daré; te la hago ver con tus ojos, pero no entrarás en ella». Moisés, el ciervo de Dios, murió allí en la tierra de Moab, conforme a la voluntad de Yavé.; DEUT 3, 28 Manda a Josué, infúndele valor y fortaleza, pues él es quien lo pasará a la cabeza de este pueblo y le pondrá en posesión de la tierra que tu no puedes más que ver.”. Y finalmente, Josué 10, 12 Aquel día, el día en que Yavé entregó a los amorreos en las manos de los hijos de Israel, habló Josué a Yavé, y a la vista de Israel dijo: «Sol, detente sobre Gabaón: Y tu, luna, sobre el valle de Ayalón.» UNAMUNO, Miguel de: San Manuel Bueno, mártir. Op cit. Página 35.Y más adelante dice refiriéndose a la gente sencilla: “¡Bienaventurados los pobres de espíritu!” Cfr. San mateo 5, 3 “Bienaventurados los pobres de espíritu porque de ellos es el reino de los cielos.”
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