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Nudo Borromeo PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Jorgelina Ester Rodriguez   
lunes, 05 de noviembre de 2007

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Nudo Borromeo

El 9 de febrero de 1972, Lacan habló por primera vez del nudo borromeo. Valérie Marchand, matemática, le había informado de la existencia del escudo de armas de la familia Borromeo. El escudo de esta familia estaba compuesto de tres redondeles en forma de trébol, representando una triple alianza. Cada redondel simbolizaba a cada una de las tres ramas de la familia. Los anillos estaban dispuestos de forma tal que si uno era retirado, los otros quedaban sueltos.

El nudo borromeo en psicoanálisis está constituido por los registros real, simbólico e imaginario. Más tarde, Lacan, agregará a éstos nudos, lo que él llamó el sinthome.

Lo simbólico designa el orden de fenómenos en que se ocupa el psicoanálisis en cuanto están estructurados como un lenguaje.

La palabra “simbólico” se encuentra en “La interpretación de los sueños” de Freud, y se entiende por la misma al conjunto de símbolos que poseen significación y que se hallan en diversas formas de producción del inconciente.

No obstante, entre Freud y Lacan existe una radical diferencia en esta conceptualización: Freud pone el acento en la relación que une al símbolo con lo que representa. Para Lacan, en cambio, lo primario es la estructura del sistema simbólico; la ligazón con lo simbolizado es secundaria y está impregnada de lo imaginario. Es posible conectar ambas concepciones: Freud extrae de la particularidad de las imágenes y de los síntomas una especie de “lengua fundamental”, universal, pero concentra su atención más sobre lo que ella dice que sobre su disposición.

La idea de un orden simbólico que estructura la realidad interhumana ha sido establecida en las ciencias sociales, especialmente por Claude Lévi Strauss basándose en el modelo de la lingüística estructural surgida de las enseñanzas de F. de Saussure en el célebre Curso de Lingüística General.

Para Lacan, lo simbólico designa una estructura cuyos elementos discretos funcionan como significantes (término tomado del modelo lingüístico) es decir, poseen significado en cuanto al sujeto que les da significación.

En lo imaginario se da cuenta de un registro en donde predomina la relación con la imagen de un otro; un semejante. Las significaciones serían un tipo de aprehensión en el que desempeñan un papel fundamental factores tales como la semejanza, lo que señala una especie de coalescencia entre el significante y el significado.

Lo real es para Lacan lo que para Freud sería el ombligo de los sueños. Lo que carece de palabras y sin embargo no cesa de manifestarse, por ejemplo, en síntomas. Es el goce, en el sentido del más allá del principio del placer, lo intolerable, lo que se escapa de simbolización. El no-todo ya que todo no puede ser transmitido y, sin embargo, eso no deja de manifestarse.

 

Lacan inventó tras la lectura del Tractatus, el término matema. La palabra matema apareció por primera vez en el discurso que dio Lacan el 4 de noviembre de 1971. La extrajo del mitema de Claude Lévi-Strauss y de la palabra griega mathêma (ciencia, conocimiento, aprendizaje). Articuló los cuadrípodos en el seminario sobre “El revés del psicoanálisis” con el matema y mostró que éste era la escritura de lo que no se dice pero que puede transmitirse. Intentaba arrancar el saber a lo inefable (real) para darle una forma íntegramente transmisible.

Pero el matema no era una formalización integral, puesto que siempre supone  un resto que se le escapa.

En el mismo seminario Lacan fabricó la palabra lalangue (literalmente “lalengua”) a partir del nombre de André Lalande, autor de un diccionario de filosofía. Definía este termino como la articulación del deseo con la lengua, o también “un saber que se sabe sin que él mismo lo sepa” y que escapa a la matematización. Así volvía a oponer la idea de una transmisión integral –el matema—a su contrario; la imposibilidad de lo integral, el no-todo, la lengua, el resto.

 

En “Los escritos técnicos de Freud”, en el Cáp. “El orden simbólico” dice que primero está el símbolo y que es la estructura misma del pensamiento humano. “Pensar es sustituir los elefantes por la palabra elefante, y el sol por un redondel.” Entre el redondel y el sol hay un abismo. El sol es en tanto que designado por un círculo no vale nada. Sólo vale en la medida en que ese redondel es puesto en relación con otras formalizaciones que entonces constituyen junto a él una totalidad simbólica. El símbolo sólo vale en la medida en que se organiza en el mundo de los símbolos.

Más adelante subraya los papeles de la palabra, diciendo que ésta es la que instaura la mentira en la realidad. “Precisamente porque introduce lo que no es, puede introducir también lo que es. Antes de la palabra nada es o no es. Sólo con la palabra se cava el surco de la verdad en lo real. La palabra es por esencia ambigua. Simétricamente se cava en lo real el agujero, la hiancia del ser como tal. El ser solo existe en el registro de la palabra. La palabra introduce el hueco del ser en la textura de lo real; ambos se sostienen y se balancean mutuamente, son correlativos”.

Que la lingüística esté en el campo de lo real significa que hay resto, algo se escapa en la simbolización que siempre está impregnada por lo imaginario. Algo que ejerce efecto de repetición, porque lo que no se dice se actúa, y es inefable.

El nudo borromeo da cuenta de la importancia que tienen para el habla ser ( el sujeto del deseo) los tres registros manteniendo siempre un constante balanceo, de modo que tanto lo simbólico como lo real y lo imaginario existen sin desanudarse.

En la psicosis el registro simbólico queda desatado, por ello Lacan dice que el psicótico se encuentra en el lenguaje pero no en el discurso. El discurso necesita de un otro, un alter ego, que por supuesto estará impregnado de un imaginario. Lo real, lo no transmisible, queda en estado bruto y da riendas sueltas a los “fantasmas” que se intentan atravesar en un análisis.

En la creación literaria se anudan como en todo discurso los tres registros. Las proporciones de los mismos dependerán del escritor y de la prevalencia que haga del uso de palabras y silencios, de lo que se dice y se calla dejando al lector más o menos vivo su imaginario a través de lo simbólico y esa ranura llamada real.

El sujeto del deseo o el habla ser encuentra en los tres registros ya que está sumergido en el habla. En el lenguaje nos encontramos todos. Sólo allí, tenemos anudados los tres registros, aunque, como lo formulara Lacan, éstos se balancean, o sea, las proporciones de impregnación imaginaria, real o simbólica variarán de un sujeto a otro y de una circunstancia particular a otra.

 

Jorgelina Ester Rodriguez

 

Bibliografía recomendada: 

  • LACAN, Jacques: Texto establecido por Jacques-Alain Miller. Ediciones paidos Barcelona-Buenos Aires México. El seminario de Jacques LACAN. LIBRO 1 “Los Escritos técnicos de Freud”.
  • LACAN, Jacques: El seminario de Jacques Lacan. Libro 11 “Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis”.
  • ROUDINESCO, Elizabeth: Lacan: Esbozo de una vida, historia de un sistema de pensamiento. Fondo de cultura Económica Argentina, S.A. Edición 1995.
  • LAPLANCHE Y PONTALIS: Diccionario de psicoanálisis.Editorial Labor, Cantabria, Barcelona.
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