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Estilo barroco y gesto moderno en Juana Inés de la Cruz. Proyecciones en José Martí y Rubén Darío PDF Imprimir E-Mail
Escrito por María Margarita Jouve   
miércoles, 21 de noviembre de 2007
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Sor juana Inés de la Cruz
El barroco expresa la conciencia de una crisis visible en los agudos contrastes sociales, en el hambre, en la guerra y en la miseria. El mundo como laberinto, como gran plaza o mesón, en los que la concordia de los opuestos hace a una visión barroca del universo.

La retórica barroca puede sintetizarse en la búsqueda de la complicación formal intensificando los elementos sensoriales, en la preocupación por el preciosismo y en el artificio formal (de las formas) a través de la metáfora, la adjetivación, el hipérbaton forzado o los efectos rítmicos y musicales del lenguaje; su juego formal se basa en la condensación expresiva y para ello se sirve de la polisemia, las elipsis, las oposiciones de contrarios o antítesis, las paradojas, todo lo que exija agudeza conceptual. Se entrelazan concepto y juego verbal.

El criollismo, por su parte, se aglutinó en torno a una idea de patria americana, y sobre todo de patria local, ciudad o región. Se produjo una gran exaltación a través de una revaloración orgullosa de lo propio, en la que estuvo presente la incorporación de la tradición indígena anterior a la conquista, la que se le sumó la europea, con el deseo de construir una tradición propiamente americana. Durante la segunda mitad del siglo XVII, la cultura barroca criolla se expresó a través de la metáfora y la hipérbole, figuras retóricas que alcanzaron una extraordinaria importancia en las artes.

En Sor Juana Inés de la Cruz, claro exponente de éste estilo barroco-criollo, hay un gesto moderno porque en el juego de pliegue y despliegue de la palabra destituye de allí la certeza instituida. La divinidad es arrojada de allí. Por el mismo movimiento es religiosa de la razón, que ocupa el lugar de la certeza.  Podemos pensar con Octavio Paz que el barroco no se caracterizó por la ruptura sino por la novedad y el ingenio pero no sólo por eso sino también por la trasgresión del español. Se podría decir que el cosmopolitismo de Sor Juana es lo moderno en ella por ser el tiempo futuro, por ser el elemento "nuevo" en el lenguaje de su época. Incorporar vocablos en  "náhuatl", la voz de los negros, del pasado precolombino, es un gesto futuro. El cosmopolitismo moderno tuvo antecedentes en Sor Juana, Primero sueño, sus villancicos y el cuestionamiento de las ideas imperantes producido por el deseo, hablan de un sujeto literario que anticipa el tiempo del modernismo hispanoamericano. Por otra parte en el movimiento que refiero de lo instituido hay deslizamientos que de hecho incidieron en la literatura hispanoamericana y en el sistema de simbolización. Si la ciudad letrada produjo un sistema de simbolizaciones y una facilidad para independizar al campo intelectual, estas capacidades son parte de las continuidades en el campo intelectual del modernismo. Tienen políticas hacia las muchedumbres que no participaron de él salvo en la aceptación de los significados simbólicos de los cuales fueron dotados por las clases dominantes. La ciudad del barroco  no se diferencia de un modo sustancial de la ciudad del modernismo en Hispanoamérica, que para ser moderna debe ser influida por una metrópolis cosmopolita, la francesa, la inglesa, o Nueva York. Si bien el modernismo es ruptura también contiene las continuidades. El mismísimo Martí no confía en que las clases bajas puedan dirigir. Tiene fe en los ilustrados, los que saben.

Hay en el soneto 164 una posición categórica acerca de la temporalidad del amor. Esta concepción de la finitud del vínculo amoroso y del desgaste por el uso da cuenta de lo agotable de la experiencia del amor y de lo lábil de sus objetos. El  Amor es una idea, y el vínculo amoroso es el producto de una experiencia de esa idea, el uso, que lo desgasta inevitablemente.

“Primero sueño” es un texto extenso de 975 líneas en el que la recurrencia es el deseo de saber absoluto, obturado por la imposibilidad. Por qué no pensar la búsqueda de la totalidad como analogía y el encuentro con la imposibilidad como la ironía del despertar. La torre de Babel, la multiplicidad de lenguas, lo igual y lo diferente, la extrañeza del lenguaje, el propio y el ajeno van construyendo una imagen poética en la que el juego de los opuestos se condensan, se anulan, se indiferencian. El poema desafía la contradicción en una insistencia, persistencia, hasta que al final inesperadamente encuentra la parcialidad de su existencia, despierta. Al decir de Octavio Paz, este poema es único en su época. Tiene que ver más con la contemporaneidad, que con lo moderno. El movimiento que se genera en el poema es un abrir y cerrar, un cerrar y abrir unos ojos que no podrán alcanzar el todo. El temor, el amor, la sombra y la luz, la necesidad de llegar al cielo por la construcción de obeliscos convexos que conllevan la utopía de desvelar el enigma de la naturaleza la llevan a la construcción del poema mismo como cobertura de la falta original.

Relacionando el análisis anterior con algunos poemas de José Martí y Rubén Darío se puede considerar  que existen influencias o continuidades:

LA NIÑA DE GUATEMALA y EL COLOQUIO DE LOS CENTAUROS.

Esta melodía melancólica podría leerse aquí como un lamento o plantus, recurso por medio del cual el yo lírico se desgarra con un dolor que emana del poema y se petrifica en el culto a la figura helada de la muerte.

Contador de una historia trágica que deviene heroica a causa de la muerte por amor, desafía a la doxa con omnisciencia: "Dicen que murió de frío, yo se que murió de amor".

Cuesta encontrar en este poema algún recuerdo vivo de ese amor, el desmemoriado sólo rescata la almohadilla de olor justo al pie del cajón, en el ritual de la muerte. Todo es frío en el río del amor, amor del cual sólo sabe él, quien fue amado. Ella, amante, encontró la vía de la muerte para producir ese pasaje de lugares que requiere el amor para su pervivencia. Traspasado el límite de la vida, ella ya es amada, y la actividad está del lado del poeta, que canta y cuenta o cuenta y canta. El desmemoriado recuerda, el enterrador da vida, la retórica invierte la lógica y el duelo  es ya melancolía. La sombra del objeto amado cae sobre el yo, que, con el recurso del  canto, revive su fantasma.

La negación de la muerte se instaura definitivamente en sus últimos versos: "¡Nunca he vuelto a ver a la que murió de amor!". Podría pensarse que aquí cobra vida definitivamente.

Al ofrecer larga vida en su recuerdo, se asume como partícipe necesario en su vida y muerte, de modo tal que esa presencia fantasmática de la niña pervivirá durante años en la memoria viva. Aparece la dialéctica Eros / Tánatos, esa extraña  y conocida relación del amor occidental.  La belleza no cubre la muerte, la muerte es bella. Tan antigua y tan moderna. El son de la muerte marca la modernidad martiana, la estética aliada a la desesperación, la imagen del poema concilia los opuestos reales, la vida y la muerte. Prefigura quizá un poema posterior, muy cercano a la fecha de su propia muerte: "Dos patrias tengo yo, Cuba y la noche", no por su formas: casi no hay rimas y los versos endecasílabos entrecortados, son casi prosa. Entre La niña de Guatemala y el poema anteriormente mencionado se verifica una semántica acorde a la forma de la muerte. Martí es incorruptible, llega al sacrificio en su rebelión. Su amada es heroica, muere por amor. Los dos héroes trágicos de una escritura que ligó arte y vida, revolución y poesía. Estas imágenes poéticas condensan un sujeto histórico que incide con su ser en el mundo y un sujeto humano ahistórico, en el que la búsqueda de la totalidad es utopía permanente. El tiempo histórico que se esfuerza por atravesar su amor a la revolución, al cambio, a la ruptura, está inseparablemente acompañado por  un mítico deseo sin fin, que en definitiva es el que caracteriza al amor en occidente. Martí ironiza con la frase: "La noche es buena para decir adiós", acepta la muerte y hace presente la analogía: "El universo habla mejor que el hombre". Relación fundamental del poema moderno, analogía desgarrada por la ironía.

Llamativa coincidencia en la apreciación de la muerte con Rubén Darío, que por muchas cuestiones considera a Martí como padre. En El coloquio de los centauros la imagen poética, entendiendo  a ésta como al conjunto de frases que el poeta dice, es "la verdad que busca la triste raza humana". Aquí, podemos decir, se encuentra la oposición entre poesía y modernidad. El tiempo de la modernidad es el futuro, un tiempo que no es, que encuentra un obstáculo, el pasado mítico de la humanidad, la poesía, la religión. Ese tiempo futuro es la conciencia de la muerte, fragmentos de un cristianismo caído que establece principio y fin, en tanto que el pasado mítico pagano grecorromano trae con su tiempo cíclico un enigma que es el productor de un poema altamente filosófico. Dice ASTILO: "el enigma es el soplo que hace cantar a la lira". Confronta el autor diversas ideas que configuran un estilo que el poeta encarna en su escritura.

Este estilo es un estilo de la época moderna, se apoya en el lenguaje de su época y lo trasciende. Liga la idea a la forma, la idea es forma, como pide Martí que sea la poesía, Darío lo realiza en las formas, en su ritmo; donde está la ironía? El principio de contradicción desafiado por la unidad: QUIRON:"La muerte es la victoria de la progenie humana", "La pena de los dioses es no alcanzar la muerte”   

                              

Hay búsqueda productiva en la poesía de Rubén Darío como la hay en la de José Martí. De "Prosas profanas" a "Canto de Vida y Esperanza" hay un procedimiento que implica trabajo en las formas y trabajo en lo ideológico, del primer Darío que se asentaba en la metrópolis europea al Darío que vuelve a ser Netzahualcoyotl  hay un cambio que se trasluce en sus poemas, tanto por formas como por ideología. En José Martí hay un cambio en la escritura de las rupturas de los "Versos Libres" hacia el regreso a la canción rimada de sus “Versos Sencillos", quizás los mas apreciados por Darío. Si Martí construye sonoramente una poesía que expresa, podemos decir que la sonoridad de Darío es presa; presa de un trabajo de desafectación del sujeto que construye a un poeta otro. No es el hombre común quien poetiza sino quien aporta la materia prima para la elaboración de la forma que hará posible el poeta como otro. Así partido en dos es el sujeto moderno. Martí está en permanente búsqueda de la unidad, arte y vida son uno para él, en tanto que para Darío sentaría bien la concepción arte por el arte. Sor Juana Inés de la Cruz, antecedente excelente de ambos, escribe del deseo de un modo que, podría así  pensarse, contiene gérmenes de ambas posiciones. Su trabajo con los materiales no logra velar la subjetividad que irrumpe y por otra parte ella es el otro, por lo tanto puede dar voz a otros. Por eso su escritura anticipa a su tiempo, su deseo la expone a un universo más amplio en el cual la crítica es un rasgo distintivo.

Bibliografía
  • BAUDOUX, Luce. El inconsciente freudiano y las estructuras formales de la poesía, en estructuralismo y psicoanálisis. Ediciones Nueva Visión. Argentina. 1971.
  • DE ROUGEMONT, Denis. El Amor y Occidente. Editorial Cairos. Numancia, 117-121. Barcelona.
  • LACAN, Jaques. El seminario 4. La relación de objeto. Ediciones Paidós, Buenos Aires – México. 1994.
  • LACAN, Jaques. El seminario 8. La transferencia. Ediciones Paidós, Buenos Aires – México. 1994.
  • PAZ, Octavio. Obras Completas I. La casa de la presencia. Poesía e historia.  Edición del Autor. Galaxia Gutemberg. Círculo de Lectores.


  • PLATON. EL BANQUETE. Editorial Alba. España. 2000.

  • PLATON. LA REPUBLICA en  SCHWEIZER Harold, Poesía, Diccionario de Teorías Críticas y Estudios Culturales. Michael Payne (compilador). Paidós. Buenos Aires. 2002.


  • RAMA, Angel, La ciudad letrada. Comisión uruguaya pro Fundación internacional Angel Rama. Montevideo.  Uruguay.

 

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Modificado el ( miércoles, 21 de noviembre de 2007 )
 
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