 José Martí's mausoleum. Miss mass, LCC * Para describir la obra de una personalidad dedicada al arte, y en especial a la literatura, quizás no debamos tener en consideración mas que lo escrito, y en última instancia, alguna cronología breve, como lo hacen muchos prologuistas y estudiosos. En el caso del héroe nacional cubano, José Martí, operar de esa manera es imposible.
Escribir sobre la obra literaria de Martí y valorarla en lo que es, constituye un trabajo de muchos años, continuo y sistemático, porque fue un autor que abordó diversos géneros: poesía, oratoria, novela, drama, además de contribuir al periodismo con crónicas, reseñas, prólogos, crítica literaria y otros textos; sin dejar de lado su aporte a la literatura infantil en cuento, poesía, etc. Eso sin contar su participación en el género epistolar, donde desplegó maestría al bordar diversos motivos dirigiéndose a diferentes personalidades. Pero de lo que estamos seguros es que, para describir la obra de Martí, es necesario tener una visión panorámica de su vida, fundamentalmente en el plano político y revolucionario, pues no podemos separar su obra de su actividad social. Su trabajo es, en conjunto, un reflejo de su época y de las ansias de independencia y unidad; reflejo de la búsqueda constante de algo propio latinoamericano que nos identifique y nos haga diferentes de los otros pueblos. Sabemos que fue un forjador de independencia y nacionalidad, un precursor en lo político y un intelectual que sentó pautas donde puso su opinión. Una de estas pautas fue el movimiento modernista que cambió geográficamente el centro de la elaboración de vanguardia literaria en el área de la lengua española antes centrado en la península. Por primera vez, la América de habla hispana creaba un arte literario propio diferente a lo que existía entonces que dejaría atrás las formas arcaicas en contenido y forma que la antigua metrópolis imponía a sus antiguas colonias. Por primera vez, se manifestaba el arte latinoamericano en su propio estilo hecho por nosotros mismos dándose a conocer al mundo como era y como lo que aspiraba a ser. Lo más importante es que daba por terminado el coloniaje cultural impuesto después de la independencia forjada por Bolívar, Sucre, Hidalgos y otros héroes. Este movimiento se caracterizó por el ritmo y armonía de sus composiciones, el gesto refinado en la elección de los temas con centro en los elementos antiguos de las culturas que nos antecedieron, fundamentalmente aborígenes, lo autóctonas, diciendo con nuevas palabras, giros y modos lo que todos conocían y no sabían expresar. Entre sus iniciadores y fundamentales expositores están el mexicano Manuel Gutiérrez Nájera, el cubano Julián del Casal, el colombiano José Asunción Silva y el nicaragüense Rubén Darío, que nos brindó el máximo exponente de este movimiento con su libro Azul. El objetivo central de la siguiente exposición es la descripción de la labor literaria de José Martí tenida en cuenta en relación a su vida porque, como alguna vez expresó el propio poeta y revolucionario, la mejor manera de decir es hacer, y ninguna de las dos podemos separarlas. La vida literaria de José Julián Martí Pérez comienza muy temprano. Acogido al mecenazgo de Mendive, se gana el cariño de la familia del insigne educador, y en homenaje a Micaela Min, su esposa, publica sus primeros versos el 26 de abril de 1868. Iniciada la contienda cespedista en octubre, el Capitán General de entonces decreta la libertad de prensa mientras se realiza en la cuenca del Cauto lo que la historia recoge como la “Creciente de Valmaceda” por el nefasto Conde de este nombre que asesinaba a la población campesina y esclava que encontraba en su camino. La palabra libre de censura es aprovechad por muchos e inmediatamente aparecen periódicos por docenas en la capital. Martí publica el primer artículo político en El Diablo Cojuelo. Son los primeros días de enero de 1869 y apenas con 16 años escribe, en el periódico La Patria Libre, el muy conocido poema dramático “Abdala”, en el que expresa un profundo concepto de patria y de amor a la independencia, de lucha contra los opresores. A continuación publica un poema de homenaje a los iniciadores de la contienda “¡10 de Octubre!” hasta que termina la libertad de prensa tan rápido como se decretó. Si temprano comenzó la obra literaria del poeta y periodista, también muy pronto inició la revolucionaria, ambas en fusión indisoluble, característica que mantiene a lo largo de toda la vida. Fue por eso que se vio involucrado en problemas políticos, acusado de infidencia, junto a Fermín Valdés Domínguez. Después de cuatro meses de cárcel, sometido a juicio, es condenado a seis años de presidio. Por gestiones insistentes de Doña Leonor, su madre, ante las autoridades peninsulares, logra ser remitido en destierro, primero a Isla de Pinos y después a Madrid, España, destino al que sale el 15 de enero de 1871. La experiencia desgarradora de injusticias y horror de las canteras de San Lázaro lo impulsan a escribir el opúsculo testimonial de denuncia “El presidio político en Cuba” que llama la atención de muchos políticos españoles de entonces. Es activo en denunciar los atropellos del naciente pueblo cubano y se inserta en polémicas periodísticas. Poco después llega su gran amigo Fermín, compañero de la acusación y sancionado injustamente a la deportación por los sucesos de los estudiantes de medicina –curso en el que se encontraba-, y de primera mano obtiene información que le inspira los versos “A mis hermanos muertos el 27 de noviembre”. Cuando se produce el advenimiento de acontecimientos políticos en Madrid que hacen pensar en el cambio hacia una sociedad moderna de justicia y democracia, escribe el ensayo político “La República española ante la Revolución cubana” y demuestra por qué Cuba debe ser libre e independiente. Por la necesidad imperiosa de superación intelectual, matricula lo que le falta de bachiller y estudia la carrera Derecho Civil y Canónico, la que logra consumar a finales de junio de 1874 y en octubre de ese mismo año, obtiene con calificación sobresaliente, el grado de Licenciado en Filosofía y Letras. No obtiene certificados de aval por no tener dinero para pagarlos. Apremiado, viaja hacia México, donde arriba el 10 de febrero de 1875. Allí lo espera su familia con la trágica noticia del fallecimiento de su hermana Ana. El tres de marzo publica su primera traducción del francés al español de la novela Mes fils de Víctor Hugo y se inserta en la vida política y periodística accediendo al cuerpo de redactores de la Revista Universal de ese país. Establece controversias con periódicos de tendencias colonialistas en defensa de las ideas independentistas cubanas. En una de ellas, en que se dice que Estados Unidos no reconocerá la beligerancia de nuestro pueblo, expresa “ni esperamos su reconocimiento, ni lo necesitamos para vencer”. Estrena su primera obra de teatro Amor con amor se paga, participa en la fundación de la Sociedad Alarcón y otras actividades que lo llevan a criticar agriamente, por no estar de acuerdo con esta política, el asalto militar al poder del General Porfirio Díaz. Con el objetivo de asegurar la estabilidad económica de su familia viaja a La Habana clandestinamente utilizando el alias Julián Pérez, y logrado su propósito, parte hacia Guatemala. Allí es bien acogido por la sociedad, se hace profesor de literatura francesa, inglesa, italiana y alemana y de Historia de la Filosofía en la Escuela Normal. Si en México se interesó por los pueblos originarios y sus males, en Cuba profundiza su conocimiento y aumenta la necesidad de darle una vida diferente. Por eso llama a buscar en la historia de nuestra América la fuente de inspiración para nuevas obras que se integren en la vida intelectual, como explica en el artículo “Poesía dramática americana”, publicado en El Porvenir y lo reitera en el libro Guatemala, impreso por su hermano del alma Manuel Mercado en México. Sentando la base de una nueva corriente literaria en la que lo latino americano llenaría el vacío que la decadente Europa no encontraba. Por injusticia cometida contra el cubano José María Izaguirre, poeta y maestro, renuncia, sin tener otro medio de vida, a su labor como profesor y sale de este país, vía Honduras, con destino a Cuba y con la esposa embarazada. En medio de una sociedad convulsa por el reciente Pacto del Zanjón y la gloriosa Protesta de Baraguá, trata de tener una vida estable como abogado y como profesor, posibilidad que se le cierra por no contar con sus títulos que no recibe de la universidad española donde estudió. Sin pérdida de tiempo, se inserta en la vida cultural en el Liceo de Guanabacoa y en el Liceo Artístico Literario de Regla pero también en las labores conspirativas de los clubes adscriptos al Comité Revolucionario de Nueva York, supeditados a la dirigencia de Calixto García, lo que finalmente conduce a que sea detenido por las autoridades españoles y deportado a España el 27 de septiembre de 1879 en plena Guerra Chiquita. Ya no volverá más a Cuba hasta abril de 1895 con el inicio de la guerra necesaria que él evocó. Viaja a Nueva York en enero de 1880 y es nombrado miembro del Comité Revolucionario Cubano. En nombre de éste pronuncia un discurso en el Steck Hall donde analiza las causas del fracaso de la Guerra de los Diez Años, discurso en el que afirma: “Antes que cejar en el empeño de hacer libre y próspera a la patria, se unirá el mar del Sur al mar del Norte, y nacerá una serpiente de un huevo de águila.”(1) Comienza su colaboración con las publicaciones periódicas en inglés de The Hour y The Sun y en 1881 busca nuevos horizontes en Venezuela, donde es recibido con beneplácito como profesor en el Colegio Santa María y en el Colegio Villegas. Comienza la colaboración en La Opinión Nacional, publicación periódica de amplia difusión en otros países. El 1º de julio publica el primer número de La Revista Venezolana. En el segundo da a conocer el artículo “El carácter de La Revista Venezolana” que sienta las ideas básicas de la renovación literaria que él inicia y que puede ser considerado como el manifiesto del modernismo. En el que entre otras cosas expone la siguiente noción: “…mantener en alto los espíritus, en el culto a lo extraordinario y de lo propio.” (2), idea que a mediados del siglo XX toman para si los escritores de esta área geográfica y cultural para introducir una nueva concepción estética que Alejo Carpentier denominaría real maravilloso. Manifiesta Martí, además, “... ir haciendo con mano segura atrás todo lo que estorba; y adelante a todo lo brioso y nuevo que urge; cuando vivimos en una época de incubación y de brotes, en que, perdidos los antiguos quicios, andamos como a tientas en busca de los nuevos; cuando es preciso derribar, abrirse paso ante el derrumbe, clavar el asta verde, arrancada al bosque virgen y fundar.”(2) Añadía Martí “…De honda raíz ha de venir, y a grande espacio ha de tender toda obra grande… Es fuerza meditar para crecer; y conocer la tierra en que hemos de sembrar.”(2) Nuevos problemas políticos surgen cuando el Apóstol vierte ideas de democracia y libertad y el presidente de la República, Adolfo Guzmán Blanco, lo conmina, por medio de su edecán, a salir inmediatamente del país, por lo que regresa a Nueva York en agosto de ese año. En 1882 publica el trascendente Ismaelillo, escrito en Caracas probablemente, que es, sin duda alguna, la primera obra de renovación literaria en poesía con nuevos aires y decires en formas arcaicas superadas y que abre época para los tiempos que corren, facilitando a la América de habla hispana que encuentre medios para expresar lo suyo propio. Aunque comienza a escribir crónicas de colaboración para La Opinión Nacional, se ve obligado a dejarlo pues, como explica meses más tarde a Manuel Mercado, el director del diario de Caracas le exige “alabar las abominaciones de Guzmán Blanco” y dejar a un lado la actitud crítica hacia los Estados Unidos. En cambio La Nación, de Buenos Aires, publica su primera crónica el 15 de julio. Surge, con este texto y los que les siguen, el proceso de surgimiento de una nueva forma de periodismo que, con ojos críticos y visión social, pone al desnudo las miserias de la sociedad Norteamérica y abre una senda a los intelectuales comprometidos con la época y a los mejores valores, al describir y analizar las causas de la deshumanización, la injusticia, el vicio y el camino probable de un país en los albores del imperialismo. Su obra periodística, que abarca más allá de lo cotidiano en sus crónicas, incluye también la crítica del arte, la reseña artística y la política. Su obra se disemina en más de veinte periódicos de diferentes repúblicas latinoamericanas, que se sirven de las cartas, como él les llama. Pero también escribe directamente para periódicos de México - El Partido Liberal-, de Honduras - La República-, Uruguay - La Opinión Pública- y de Estados Unidos –La América, El Latino Americano, El Avisador Cubano, El Economista Americano, The Evening Post– por lo que su pensamiento y también el estilo y forma que asume, es conocido y rápidamente es asumido por otros. Su reconocimiento es la nominación y aceptación como miembro de sociedades artísticas y literarias como Sociedad de Amigos del Saber de Venezuela (enero de 1884), La Academia de Ciencias y Bellas Artes de San Salvador (septiembre de1887), Asociación de Prensa de Argentina (octubre de 1887), Sociedad Hispano Americano (diciembre de 1890), y otras. En 1885 publica, en forma de folletín en El Latino Americano, su única novela Amistad Funesta, que también la dio a conocer como Lucía Jerez. Como no le daba importancia, la editó bajo pseudónimo. Y si bien no tiene altos valores, en ella se pone de relieve la forma literaria renovadora que adoptaría la literatura en iberoamérica que va a sus orígenes sin realizar la importación de modos, estilos, caracteres y realza lo propio, lo que nos pertenece sobre los demás componentes. Es momento significativo, además, el mes de julio de 1889, pues dentro de los trajines revolucionarios en que se encuentra, tiene tiempo para dar a conocer el primer número de La Edad de Oro, revista de entretenimiento y ocio, para aprender de y desde nosotros mismos, para niños y adolescentes de nuestro continente, que alcanzó hasta el cuarto número y la suspendió porque “quería el editor que yo hablase del temor a Dios, y que el nombre de Dios, y no la tolerancia y el espíritu divino, estuviesen en todos los artículos”, de acuerdo a lo que le escribió a Manuel Mercado. Fue un aporte a la literatura infantil válida para la actualidad, pues la despojó del paternalismo, la niñería y la simpleza dando a conocer no solo lo mejor de la literatura infantil, sino también a los héroes de nuestra América, sus obras y sueños y obras que restaban realizar. Con lenguaje culto pero adecuado a sus lectores, los ponía en contacto con nuestros antecesores, con otras culturas lejanas en el tiempo o en la geografía y con los acontecimientos más importantes de las ciencias y las inventivas, “libro escrito en este español simple y puro; para que los niños me entendiesen, y el lenguaje tuviera sentido y música.” (4) Mientras se reponía de sus padecimientos físicos y espirituales en las montañas de Catskill, en agosto de 1890, escribe un poemario trascendente Versos Sencillos que luego de haberlos leído a sus amigos en casa de Francisco Chacón, éstos le sugieren su publicación. Se imprime en octubre con gran acogida por la versificación y el contenido que marcan, junto a el Ismaelillo y los que contiene La Edad de Oro, una visión social de los problemas latentes del pueblo y de la sociedad latina desde la óptica del compromiso social. Si bien podemos decir que el poeta alcanzaría más plenitud con los Versos Libres, debemos tener en cuenta que estos no se dan a conocer en vida del autor sino mucho más tarde en la edición de sus obras realizada por Gonzalo de Quesada y Aróstegui que los encontró en su papelería como manuscrito inédito junto con otros textos. El valor de ellos se comprende al leer la nota escrita por poeta, en lápiz, en el manuscrito hallado postumamente: “se ha de escribir viviendo, con la expresión sincera del pensamiento libre, para renovar la forma poética.”(4) Y para que se comprenda lo que decimos, lo mejor es entenderlo a través de su óptica y nada mejor para lograrlo que comprender esta opinión que expresó en carta a María Mantilla sobre los poetas que fueron sus contemporáneos: “leo pocos versos, porque casi todos son artificiales o exagerados, y dicen en lengua forzada falsos sentimientos, o sentimientos sin fuerza ni honradez, mal copiados de los que sintieron de verdad.”(5) No debemos dejar de pasar por alto la labor de traducción que realizó Martí, pues si bien estas obras son literariamente menores y no son de su autoría, no dejan tener sangre de su sangre, pues siempre el que traduce pone su parte, la visión del que lee y allí reside el valor de estos trabajos. Su opinión de cómo debe hacerse esta labor se recoge en estas palabras: “traducida de modo que la entiendas, y de que puedan entender los demás… la traducción ha de ser natural, para que parezca como si el libro hubiese sido escrito en la lengua a que lo traduces, que en eso se conocen las buenas traducciones.”(5) En la Revista Ilustrada de nueva York publica el primero de enero de 1891 el ensayo “Nuestra América”, tan trascendental en tantos aspectos, en lo fundamental porque abre una nueva visión de Hispanoamérica, como él llamó a la conocida hoy como Latino América, al analizar las causas de la situación política social de entonces y la posible solución a sus males, que no podemos perder hoy de vista si no queremos caer en errores viejos repetidos, declara allí elementos que nos permiten calar su expresión modernista en la literatura. Entre otras muchas cosas importantes, glosamos: “con un decreto de Hamilton no se le para la pechada al potro llanero. Con una frase de Sieyés no se desestanca la sangre cuajada de la raza india…. Leer para aplicar, no para copiar… los dramaturgos traen caracteres nativos a la escena… la poesía se corta la melena zorrillesca y cuelga del árbol glorioso el chaleco colorado. La prensa, centelleante y cernida, va cargada de ideas.”(6) Y más adelante:”se ponen en pie los pueblos, y se saludan. ¿Cómo somos? Se preguntan; y unos a otros se van diciendo cómo son”. (6) Con ese objetivo, y el de servir de órgano de propaganda para la guerra necesaria de unidad y de razón, de corazón y alma, funda el periódico Patria (14 de marzo de 1892), donde reseña hechos, héroes y heroínas de la contienda pasada, explica, informa y forja conciencia con un periodismo escrito con la mejor palabra del español, limpio y puro sin adjetivos y gazmoñería ramplona, con análisis profundos que hacen pensar y, el 10 de abril, se proclama por la emigración afiebrada la constitución de la obra cumbre revolucionaria: el Partido Revolucionario Cubano, para hacer la guerra necesaria en unidad, sin odios, rápida y fundar la república. José Martí monument, miss mass, LCC ** Un día de 1892, en medio del fragor propagandístico y aglutinador, conoce a Rubén Darío, poeta nicaragüense máximo representante del modernismo literario. Cuenta este poeta que fue citado para verse con Martí y de pronto se le apareció diciéndole “¡Hijo! ¡Hijo!” y lo arrastró al mitin político y lo sentó en la tribuna de la emigración exaltada, a él, diplomático de su país en España. Era el 24 de mayo y Martí expuso una de sus piezas oratorias en Hardman Hall para analizar el fracaso del levantamiento de los hermanos Sartorios en Holguín y la necesidad de la unidad, de compaginar las fuerzas de adentro y de afuera, de no precipitarse en el empeño. Fue su único encuentro personal. Ya, después, los acontecimientos de organización, de explicación de enderezar entuertos y torcidos, de prepararse y aglutinar, no daban tiempo para más y de buenas a primera, los revolucionarios cubanos se vieron inmersos en el levantamiento armado del 24 de febrero de 1895, y meses después, luego de un viaje azaroso en bote por una mar embravecida, Martí, Gómez y otros revolucionarios desembarcan en Playitas. Martí cayó en combate días después en Dos Ríos el 19 de mayo de 1895. Al enterarse de este suceso, el glorioso poeta nicaragüense sólo pudo exclamar: “¿Qué has hecho, Maestro?”, porque sólo vio en el héroe el valor de su obra poética y periodística, forjador de movimientos literarios, y no pudo calar al hombre forjador de hombres, de pueblo, de naciones, de utopías. Martí es perenne no sólo por su obra literaria sino por su papel en la historia de nuestro país. Para conocer el pensamiento de Martí y su obra es necesario acercarse a su vida revolucionaria y a la sensibilidad que tuvo desde joven respecto a los males que aquejan la sociedad. Primero se fijó en el esclavo azotado, ahorcado, colgando de un ceibo en el monte, en Cuba; después posó su atención en el indio americano de México, de Guatemala sumido en la ignorancia y la ignominia social. Debemos saber que dedicó su vida al conocimiento de las causas de los problemas de las sufridas naciones latino americanas y su posible solución en la independencia política pero también espiritual para que de ellas mismas naciera lo que no es posible encontrar fuera. No es menos importante en la personalidad de Martí la toma de una posición no solo ideológica sino también práctica para transformar ese medio y prepararse para resolver y anteponerse al peligro mayor que se cernía –y todavía se cierne- sobre estas repúblicas: la amenaza del vecino brutal del norte que nos desprecia. Por eso debe ponerse por delante su labor revolucionaria como ideología y acción, porque toda la labor literaria e intelectual desempeñada estaba supeditada a ese objetivo. Así lo plasmó a Manuel Mercado en vísperas de su holocausto “Ya estoy todos los días en peligro de dar mi vida por mi país, para evitar a tiempo, con la independencia de Cuba, que los Estados Unidos se extiendan y caigan, con esa fuerza más, sobre las tierras de América. Cuanto hice hasta hoy, y haré es para eso.”(7)
Autor: Carlos Alejandro Daley-Paredes Daley- González
Referencias bibliográficas
(1)MARTÍ PÉREZ, José Julián: Obras Completas. Editorial nacional de Cuba. La Habana. 1964. T17, pág.200 (2) MARTÍ PÉREZ, José Julián: Obras Obras Completas. Editorial nacional de Cuba. La Habana. 1964. T7, pág.208- 210. (3) CASTRO RUZ, Fidel: Discurso del primero de mayo del 2000. Granma 5 de mayo del 2000. (4) MARTÍ PÉREZ, José Julián: Obras Completas. Editorial nacional de Cuba. La Habana. 1964. T16, pág.127, 131 (5) Cuadernos Martianos II. Editorial Pueblo y Educación. 1998 pág. 102-103 (6) Cuadernos Martianos III. Editorial Pueblo y Educación. 1998 pág. 109,121 (7) MARTÍ PÉREZ, José Julián: “Carta a Manuel Mercado. 18 de mayo de 1895” en Epistolario. Editorial Ciencias Sociales. La Habana. 1967. Bibliografía Consultada CASTRO RUZ, Fidel: Discurso del primero de mayo del 2000. Granma 5 de mayo del 2000. Cuadernos Martianos II. Editorial Pueblo y Educación. 1998 pág. 102-103 Cuadernos Martianos III. Editorial Pueblo y Educación. 1998 pág. 109,121 MARTÍ PÉREZ, José Julián: Obras Completas. Editorial nacional de Cuba. La Habana. 1964. T17, pág.200 MARTÍ PÉREZ, José Julián: Obras Completas. Editorial nacional de Cuba. La Habana. 1964. T7, pág.208- 210. MARTÍ PÉREZ, José Julián: Obras Completas. Editorial nacional de Cuba. La Habana. 1964. T16, pág.127, 131 VITIER, Cintio. Cronología mínima. Editorial Ciencias Sociales. La Habana. 1985. Parte 2 Imágenes * José Martí's mausoleum, Cementerio Santa Efigenia, Santiago de Cuba. Imagen de miss mass, Licencia Creative commons. Algunos derechos reservados. ** José Martí monument, Plaza de la Revolución, Revolution Square, Vedado, Havana, Cuba. Imagen de miss mass, Licencia Creative commons. Algunos derechos reservados.
|